Día Universal de los Derechos del Niño

Equipo de Investigación, Información y Asistencia.
Área Violencia Doméstica y Maltrato.
Formación y Becas de Estudio.
Subvención a Empresas y Parados.
Tlf: +0034 981 94 08 09 / 630 327 998
Web: www.campus-stellae.com
Email: live@campus-stellae.com

El 20 de noviembre de 1989 fue aprobada la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, con la esperanza de ofrecer a todos los niños del mundo derechos efectivos para protegerles de situaciones abusivas e injustas.

Sin embargo, la realidad siempre tozuda se aleja de estas pretensiones, ya que en determinados contextos los adultos transgreden sin pudor los principios mínimos de un código ético de convivencia indispensable para regular la relación entre hombres y mujeres, y con sus actos violentos privan al niño del derecho indiscutible que tiene a crecer en un entorno que le proporcione seguridad física y psicológica, y que no violente el desarrollo de su personalidad.

Éste es el caso de los niños que son testigos de la violencia que ejerce la figura parental masculina hacia su madre, y que sufren en silencio el impacto de la violencia, ya que se derrumban sus principales referentes afectivos en uno de los ámbitos más íntimos para un ser humano, el familiar.

Los menores que durante su infancia presencian repetidamente actos violentos (insultos, vejaciones, amenazas, palizas) entre sus padres, aunque ellos no sean objeto directo de la violencia física, viven inmersos en un contexto familiar en el que predomina la violencia psicológica, que está catalogada como maltrato infantil por la Convención Internacional de los Derechos del Niño, en su artículo 19.

La exposición repetida a la violencia de género en el propio hogar es una forma de maltrato infantil psicológico más difícil de evaluar que los daños que produce el maltrato físico
, ya que aparentemente sus síntomas (ansiedad, inhibiciones, alteraciones del sueño, problemas de aprendizaje...) pueden ser semejantes a los que se localizan en diferentes estructuras clínicas. Un problema añadido es que si la madre no interpone denuncia, el maltrato psicológico que padece el menor queda encerrado a modo de secreto, en los muros del hogar. No obstante, el sufrimiento interno que atormenta al niño se plasma en varias preguntas: ¿Por qué aquéllos que me quieren se hacen tanto daño, y me hacen tanto daño? ¿Seré yo el culpable? ¿Habré hecho algo malo?

Para atrapar la angustia que producen estas preguntas y evitar el miedo profundo al otro paterno, supuesto garante del bienestar, algunos niños piensan que el comportamiento del maltratador es normal, y que en el fondo es bueno aunque le haga sufrir, tanto a él como a su madre.

En más de una ocasión he aludido al hecho de que la convivencia larga con un maltratador produce una serie de cambios emocionales en la mujer, como percepción errónea del maltratador, pánico, sentimiento de culpabilidad y confusión emocional. Esta serie de cambios emocionales se producen también en el menor, ya que aprende, tanto por identificación a la víctima como al agresor, que la violencia es una pauta de comportamiento permitida y consentida entre los adultos. Esta dinámica de violencia genera un ciclo de repetición de patrones de conducta aprendidos, que se reflejan en la construcción de la identidad de género y se transmiten de generación en generación.

Hoy, Día Universal de los Derechos del Niño, es una jornada excelente para recordar que una de las maneras más eficaces para detener este ciclo indeseable de violencia -y prevenir el consecuente maltrato infantil- es la intervención educativa temprana y el desarrollo de programas de prevención y asistencia terapéutica para los menores víctimas del maltrato infantil psicológico que genera la violencia de género.

En el contexto educativo se pueden adoptar con decisión estas medidas preventivas con un fin formativo, ya que los niños tienen derecho a construir en libertad su identidad femenina o masculina, en un contexto social que no minusvalore a una persona por su condición de género (sea hombre o mujer), ni limite, aunque sea sutilmente (sexismo ambivalente), su proyección pública o privada. Por esta razón, conviene que los contenidos de igualdad de género se fomenten de manera transversal mediante la adaptación curricular de las diferentes materias a este problema, con el fin de que se construyan valores de igualdad, respeto e independencia, que favorezcan no sólo cambios de orden cognitivo, sino también conductuales. En algunos centros educativos se aborda esta cuestión de manera exhaustiva (con previa formación del profesorado), ya que se entiende que el ejercicio de la desigualdad de poder entre hombres y mujeres perjudica la formación de los menores y genera uno de los conflictos más graves de nuestra convivencia.

Sin embargo, en otros centros educativos, para evitar la proyección de actitudes inconscientes del profesorado, este trabajo se aborda desde diferentes cursos que se organizan en colaboración con el área de igualdad de la mujer del ayuntamiento pertinente, y se imparten a los alumnos de Secundaria por una serie de expertos. Estas conferencias son un éxito si paralelamente las asociaciones de padres organizan cursos de formación para aprender distintas estrategias de intervención que permitan evitar la violencia sexista, que se produce cada vez más entre gente muy joven.

Por otra parte, la detección precoz de la exposición a la violencia implica también que los ámbitos escolares, sanitarios y sociales administren, de manera coordinada y eficaz, los recursos necesarios para realizar un diagnóstico a tiempo, con el fin de derivar el caso a un programa de tratamiento especializado.
Un estudio realizado por la fundación Save the Children (2006) subraya la importancia de desarrollar los recursos necesarios tanto en el ámbito sanitario como en el jurídico, policial o social para atender las necesidades específicas de los menores (mas allá del apoyo a las madres) que sufren el maltrato psicológico generado por este tipo de violencia, ya que además es una medida necesaria para que se hagan realidad los objetivos con los que surgió la Ley integral contra la violencia de género.

De momento, todos los adultos somos los responsables de promover los derechos de los menores que no se hagan efectivos en la realidad, para conseguir, entre otras cosas, que las mujeres y los hombres de las futuras generaciones puedan disfrutar plenamente de ellos y convivir constructivamente, sin violencia.

Fuente:
http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/20081120/opinion/pequenos-
testigos-violencia-genero-20081120.html


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Queremos saber lo que opinas. Gracias por colaborar.