Síndrome de la supermujer

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Síndrome de la supermujer:

Mujeres que viven alteradas


“En estos últimos años las mujeres cambiamos mucho.
Antes, sólo estábamos obsesionadas
por conseguir un marido.
Ahora además, estamos estresadas
por exigirnos logros profesionales,
trastornadas por la culpa que nos provoca la maternidad
y desesperadas por combatir la celulitis...!!!”

Maitena, dibujante argentina.

"Luchamos en el trabajo, con los hombres, nuestro cuerpo, los amigos, las madres… toda una serie de cosas que irremediablemente nos alteran y nos llevan a un estado en el que se pasa de la euforia a la depresión profunda en apenas 15 minutos". De esta forma Maitena da la perfecta definición del estado de muchas mujeres en la actualidad, es lo que en el mundo angloparlante llaman “síndrome de la supermujer”, y que en este hemisferio ella ha preferido denominar como “mujeres alteradas”.

En el libro de cinco tomos del mismo nombre, Maitena se ríe del prototipo de mujer que define como “aquella que libra las mismas batallas día tras día y sin descanso”. A nivel internacional, la serie ha superado el millón de ejemplares vendidos.

Todos coinciden en que uno de los puntos que explican este éxito editorial es la identificación que provoca este retrato en viñetas de la mujer contemporánea. Es que este es un problema que ya no afecta sólo a un selecto grupo de mujeres que han ascendido profesionalmente, sino a muchas que se han sumado al ideal de la mujer autosuficiente y capaz de hacer las cosas bien tanto en el trabajo como en la casa.

Supermujeres débiles de salud

Ciertamente es algo muy común que las mujeres nos angustiemos por cualquier cosa, a ello contribuyen incluso las propias hormonas cuando nos encontramos en el periodo premenstrual. Pero esto ya se transforma en algo patológico cuando en todo momento se siente que debe hacerse todo a la vez, y de manera perfecta.

Sue Barton,
psicóloga del Departamento de Familia del UC Davis Medical Center de Estados Unidos, explica que, por definición, las “supermujeresson personas a las que les cuesta delegar responsabilidades, “tienen altos standards y desean que las cosas sean hechas a su manera. Cuando otros hacen el trabajo de otra forma, ellas tienden a enojarse o decepcionarse porque piensan que ellas podrían haberlo hecho mucho mejor”, explica.

El resultado es el sufrimiento continuo al ver que no todo siempre va a salir bien, y que en el camino se sacrifican las propias necesidades por otras que se consideran más altas. Pero también hay consecuencias concretas en la salud, es así como el Consejo de Salud de las Mujeres de Irlanda reconoce que el Síndrome de la Supermujer puede traer perjuicios directos sobre el cuerpo, como debilitamiento del sistema inmunológico; o indirectos, como los provocados por el humo del tabaco que las afectadas fuman para aliviar la tensión.

Por otra parte, el nutricionista Juan Manuel Mancilla Díaz, de la Universidad Nacional Autónoma de México, ha establecido también una relación entre males como la anorexia y la bulimia con el “Síndrome de la Supermujer”. Para el investigador, “la mujer es más sensible a la presión social que significa el síndrome de la supermujer, es decir, ser buena ama de casa, buena esposa, buena madre, trabajadora o estudiante, y, que para tener éxito en todas esas esferas, debe mantenerse esbelta para ser aceptada”.

En Chile, la socióloga de la Universidad Alberto Hurtado, Andrea Bagnara, explica que ya se pueden ver algunas consecuencias de las tensiones que ha provocado la incorporación de la mujer al trabajo como “altos niveles de stress y otro tipo de enfermedades de salud mental en las mujeres”, debido principalmente –explica- a que aún hay un desequilibrio respecto a la repartición de las tareas del hogar.

Factores que lo determinan

Para Gloria Steinem, escritora y feminista norteamericana, los elementos que se mezclan para formar el caldo de cultivo de las “supermujeres” son:

1. Los medios de comunicación: que retratan a mujeres en los trabajos de “cuello blanco”, en que imitan a los hombres, están vestidas para el éxito, y al mismo tiempo crían a niños perfectos, cocinan como verdaderos gourmets, y entretienen maravillosamente a todo el mundo. Ésta se ha convertido en la imagen de una mujer trabajadora para los medios. Las expectativas acerca de las mujeres siguen siendo tanto como una perfecta ama de casa, como la “nueva mujer profesional”.

2. El movimiento feminista: que al promover la igualdad entre los sexos impulsó a las mujeres a que trabajaran y creó buenas oportunidades de trabajo para ellas. Pero al mismo tiempo, las mujeres no han sido relevadas de su trabajo en el hogar, ¿y por qué consienten esto?, es lo que se explica en el punto número 3.

3. Las mujeres han sido socializadas para ser agradables: desde pequeñas se les enseña que deben hacer sentir bien a los demás, aún postergando sus propias necesidades.

En Chile, el sicólogo de la Universidad Alberto Hurtado, José Antonio Román, agrega otros factores propios de nuestra sociedad como “la socialización que tradicionalmente pone en la mujer la responsabilidad del cuidado familiar (esposo incluido). Por eso muchas mujeres sienten culpa por no poder dedicar el tiempo, las energías y otros recursos necesarios al cuidado de los miembros de su familia.”, explica.

Finalmente, la licenciada Lidia Heller, de la Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe en Gestión de Organizaciones, dice que “la mayoría de las carreras profesionales siguen basadas en las pautas del "modelo masculino": realizar un trabajo profesional, competir con pares, construir reputación, desarrollar una carrera en los primeros tramos de los ciclos vitales (25 a 35 años), minimizar las cuestiones familiares, reuniones extensas.

Las mujeres que se incorporaron a la vida pública, adoptaron ese modelo y esas pautas que no se han modificado, sin relegar ninguna de las restantes actividades: el cuidado de los hijos, enfermos y ancianos, mantener la belleza, ser buenas amantes y además excelentes profesionales, con total exigencia que esto implica.

Fuente: http://www.todomujer.cl/actualidad/sindrome_de_la_supermujer_i_parte.html

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