Luciano Varela Castro el : "A veces mi problema es que la lengua la dejo muy descontrolada"

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Este magistrado nos ha sorprendido a todos, y especialmente a las tres victimas de un DELINCIENTE DE MALTRATO. Las víctimas en este asunto son Maria Antonia que se ha quedado tertraplégica y sus dos hijos.  

Los niños presenciaron y describieron con detalle como su padre con una orden de alejamiento, irrumpía en la casa  con un cuchillo en la mano y vieron como él intentaba ahogarla y cómo, cuando pensaba que estaba muerta, le dijo: que se lo merecía.

La Audiencia considera probada la alevosía por las contradicciones del acusado, por las declaraciones de los dos hijos que describen cómo les despertaron los gritos de su padre (sin discusión previa) y como la agresión que presenciaron fue unilateral del procesado hacia la víctima.


Y como referencia anterior en el derecho en otro caso el MISMO SUPREMO cita también una sentencia del 2001 en la que se afirma que "en la alevosía sorpresiva resulta irrelevante que la víctima se hallara durmiendo o en vigilia si el acusado llevo a cabo la agresión cuando no lo esperaba".

Veamos el perfil de este magistrado del Supremo en una entrevista de El  Correo Gallego en 2007:

Luciano Varela Castro es el primer magistrado de la Audiencia de Pontevedra que accede a una sala del Tribunal Supremo, después de 23 años ejerciendo la judicatura en su ciudad natal. Casado, padre de cuatro hijos, de los que dos han decidido seguir sus pasos.

_    ¿Cómo se vive Galicia desde Madrid?
_    Con mucha morriña, a pesar de ver a la familia todos los fines de semana.

_    ¿La toga del Supremo es más pesada, tiene más responsabilidad, que la de la Audiencia?
_    Digamos que frencuentemente los asuntos suelen tener más trascendencia para los justiciables, con lo cual uno pone siempre más preocupación y, por otra parte, es un tema, no sólo para el afectado como individuo concreto sino, incluso, para la sociedad. La repercusión social es mayor, en ese sentido obliga a un esfuerzo de prudencia, en la medida que quepa, todavía, más prudencia.

_    ¿Costó llegar?
_    Costó que se decidieran. Les costó más a ellos decidirse que a mí llegar.

_    Jueces para la Democracia llegó a denunciar que el Partido Popular vetaba su candidatura al Supremo...
_    Es indudable que la historia profesional –no solamente la capacidad técnico-jurídica de los aspirantes– es un factor que interviene en las decisiones, y en un Consejo cuyas posiciones ideológicas –en las que yo no me caracterizo por militar– tiene mayoría, se decía que una candidatura como la mía era algo que exigía cierto esfuerzo.

_    Siempre se afirma que la Justicia está politizada...
_    No, lo que ocurre es que los temas que afronta la Justicia le interesan a la política. Sería horrible que no le interesasen, sería algo fabuloso, con lo cual, quienes tienen la capacidad de tomar decisiones políticas se resisten a permanecer ajenos en el momento en el que toman decisiones los tribunales.

_    Cuándo se incorporó al Palacio de Justicia de Pontevedra, en el Juzgado de Instrucción...
_    Hace mucho, 23 años...

_    Abrió las puertas a la información, lo que fue cuestionado por muchos ¿Cómo actuará en el Alto Tribunal?
_    Lo que más recuerdo de aquella época es que en mi juzgado había media docena de mesas puestas como dos carros de soldados cuando les atacaban los indios y a las que se acercaba el  público dentro de una sola sala. Eso en el Supremo es impensable. Por otro lado, formar  parte de un cuerpo colegiado que a veces funciona con 3, a veces con 5 y a veces con 15 magistrados a la vez, sin duda es una experiencia muy distinta a la que tiene un joven juez de un órgano unipersonal, que decide individualmente y que no tiene prácticamente medios.

_  Ahora tendrá que decidir temas de la Audiencia de Pontevedra.
_    No las que yo he firmado. En este caso tengo que abstenerme. Pero sí tendré que resolver temas de otros magistrados. En concreto un asunto de prostitución en Pontevedra, de unas mujeres brasileñas en un establecimiento, por llamarle de alguna manera. Es un caso prácticamente idéntico, ya que físicamente es el mismo establecimiento, a otro que yo había resuelto. Pero, de trascendencia, no tengo nada a la vista.

_ Se caracteriza por su actividad incansable, no solo en la judicatura sino que fue fundador de la asociación Jueces para la Democracia, profesor de Derecho en  la Facultad de Santiago...
_    Creé la revista Xurídica Galega, que ya pasa de los 50 números. He preparado, junto a otros compañeros, a muchos alumnos de judicatura, casi 40 son jueces y fiscales –entre ellos dos hijos míos–, esto es lo que yo guardo con más cariño.

_ También fue el autor del borrador de la Ley del Jurado Popular
_    El Gobierno suele encargar a un técnico el borrador de un proyecto de ley, a mí me asignó éste. El trabajo no tiene capacidad política de determinación de contenidos, simplemente es la traducción en términos técnicos. La política es ajena, aunque en este caso era muy compartida, digamos incluso que históricamente compartida, porque el ministro que me la encargó (Alberto Belloch, gran amigo) había luchado políticamente conmigo durante mucho tiempo para conseguirla. Fue uno de mis mayores placeres llegar a conseguirlo, tras desearlo juntos durante tanto tiempo y teniendo en cuenta que él estaba en la posición política de hacerlo posible. Yo tuve la fortuna de poder titularla.

_  Una ley, que todavía hoy, se cuestiona...
_ La ley tiene como novedad que quienes tienen el poder lo pierden a favor de los ciudadanos. Yo no conozco una situación histórica en que los titulares de poder desposeídos no se enfaden (risas...)

_  La Ley del Jurado implica al ciudadano a tomar una decisión
_ Es como meter camiones en descarga continua de sentido común en el aparato judicial. Eso es lo que es el jurado popular.

_ ¿Qué urge mejorar en la Justicia?
_ Me preguntaste cómo se veía Galicia desde Madrid. Hay una cosa que sí hecho de menos, no poder utilizar el idioma gallego en las sentencias como hacía aquí. Es algo a lo que soy sensible. Por eso me molesta leer en un periódico que alguien que cobra por defender los derechos de los ciudadanos se atreva a decir –si es que lo ha dicho– que es un peligro utilizar el idioma gallego en la Justicia. Para mí, lo que sí es un peligro es que alguien permanezca en una institución si ha dicho una frase como ésta.

_  ¿Se refiere al Valedor do Pobo?
_ Creo que es una anécdota suficientemente conocida. Sin nombre, pero tal como lo he dicho.

_  ¿Un juez polémico o justo?
_ No sé qué nivel de acierto o desacierto puedo tener, pero la polémica es como la alarma social. Si el sentido de mis resoluciones hace que quienes tienen capacidad para levantar acta de una situación decidan que tenga carácter polémico, habrá polémica. Hay que pensar que estas personas a lo mejor detectan intereses que les afectan. Lo siento mucho, pero mis decisiones al aplicar la ley afectan a intereses de unos “poquitos” que son los que utilizan sus propias armas. La radio, por ejemplo, cuanto menos ámbito de influencia tiene, más afectada parece sentirse y se muestra más agresiva y despectiva. Pero eso es un problema del radiodifundidor y no mío...

_ Leí en una entrevista que llora en el cine ¿es tan sensible?
_    Casi me hace llorar más que me pregunten sobre mi llanto (risas). Fue una falta de control de la lengua, a veces mi problema es que la lengua la dejo muy descontrolada.

_ ¿Es un honor jubilarse en el Supremo?
_    La judicatura es una carrera, y jubilarse en un punto en el que ya no puedes ir más allá, como es el Supremo, sin duda, es una satisfacción personal.

DECISIONES JUDICIALES

"Los que se alarman, me alarman" 

Hay decisiones judiciales que crean la denominada alarma social, sobre todo cuando los fallos están relacionados con temas de terrorismo o agresión sexual. Muchas veces resulta difícil comunicar al lector una decisión de ese tipo que está ajustada a la ley, ante tanta opinión contraria.

"La llamada alarma social es un estado de opinión que siempre, sino creado, cuanto menos catalizado por determinados medios de conformación de opinión pública, que a su vez son de titularidad de personas o grupos de intereses ideológicos. Yo diría que lo que me suscita, es mi alarma personal. A mí los que se alarman, me alarman mucho. Y me alarma todavía más si personas sensatas, incluso elegidas popularmente, de una manera casi plebiscitaria, proponen para los delitos sexuales nada menos que la castración, que es algo así como la islámica pretensión de cortar la mano al que hurta. Es un salto atávico, una especie de barbarie cultural fruto de los cultivadores de las alarmas sociales. Yo creo que la alarma social es una reflexión desde los que la generan más que desde los que reportan la coartada, léase jueces dictando sentencias". 

"Lo más molesto es que en este país no hay más de cuatro ó cinco entidades, por no decir personas, que tienen esta capacidad. De Juana Chaos, gran rebumbio con su conducción al hospital, y silencio absoluto en su retorno a la cárcel. Por lo menos, ahí hay una asimetría que puede ser sorprendente. Para los malos intencionados, como yo, no sorprende nada. Nos parece la cuadratura normal del cuadrado, no del círculo", afirma el magistrado del Tribunal Supremo, el pontevedrés Luciano Varela Castro .

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