Julia Madruga Benítez coordinadora en el Teléfono de la Esperanza ASESINADA, después de denunciar y de que el juez de Huelva absolviera a su asesino

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¿Más de lo mismo?
¿cuantos mas tenemos que enterrar?
¿seguirán haciendo política hablando de las denuncias falsas?
¿somos cómplices cuando consentimos declaraciones exacerbadas de algunos en contra de miles de mujeres que denuncian malos tratos en el mundo, diciendo que denuncian falsamente?
¿que queremos conseguir?


Carta de:
Fernando Alberca Vicente,
director de Comunicación del Teléfono de la Esperanza

Como ya sabréis, desgraciadamente, nuestra compañera Julia Madruga Benítez falleció el pasado viernes tras ser acuchillada varias veces presuntamente por su ex marido, que la cogió por sorpresa cuando se encontraba en una habitación de la clínica Blanca Paloma junto a la cama de su madre enferma.

Según lo que ella misma les había relatado a las compañeras y los compañeros del Teléfono de la Esperanza de Huelva, la relación con su ex marido Cayetano G. M., de 58 años había sido realmente “tormentosa”, hasta el punto de que Julia había sido víctima de agresiones en diversas ocasiones. Y ocurrió que Julia se hartó y ya, desde el año pasado, Julia puso fin a todo vínculo con su ex marido. Fue entonces, en el mes de agosto, cuando el presunto asesino volvió a agredir cobardemente a nuestra compañera y la amenazó de muerte.

Muchos conocidos y vecinos fueron testigos en muchas ocasiones de las amenazas de muerte que el agresor fue profiriendo contra su ex mujer.

Julia interpuso entonces una denuncia por amenazas contra el "presunto asesino",
pero no hubo condena 
el proceso quedó sobreseído 
porque ninguno de las personas ante las que su él había manifestado su intención de matarla quisieron testificar cuando se celebró el juicio.

Las declaraciones ahora ya ante los medios de comunicación de muchos de los vecinos y conocidos de Julia revelan que la tragedia era la crónica de un crimen anunciado...

Porque muchos miraron para otro lado. 

Allá cada uno con su conciencia. Que cada uno se entienda con ella como pueda. No es difícil: siempre hay excusas y justificaciones de las que echar mano...

Ciertamente, nuestra forma de vida no favorece que seamos cada vez mejores personas. Probablemente, en nuestra sociedad actual se ensalza más la competencia, el triunfo personal, el individualismo y el “sálvese quien pueda” que la ayuda mutua y la solidaridad.

Lo que me hace tener algo de esperanza es que Julia no era así. Ni mucho menos. A pesar de los graves problemas personales, le preocupaban los problemas de otras personas, personas que cotidianamente acuden a los Centros del Teléfono de la Esperanza en busca de apoyo en aquellos momentos de crisis emocional en los que nada tiene sentido y por los que casi todos hemos pasado alguna vez en nuestra vida.

Julia era coordinadora de grupo en el Teléfono de la Esperanza de Huelva y dedicó gran parte de su tiempo a echar una mano a muchas personas desconocidas para ella pero en las que reconocía su derecho a ser escuchadas por alguien.  

 Muchas gracias, Julia.

Sucesos como éste ponen de manifiesto la falta que tenemos de más 'Julias' en nuestros vecindarios, en nuestros barrios y en nuestras ciudades. Mientras no entendamos que la violencia machista nos afecta a todos y nos incumbe a todos, no acabaremos con ella.  

Es un problema de todos: de quienes la sufren y de quienes no la sufren, de las mujeres pero también de los hombres.

Para finalizar ¿querremos de verdad que tenga fin esta maldita lacra?, recuerdo las palabras que erróneamente se atribuyeron al dramaturgo alemán Bertold Bretch, en realidad su autor fue el pastor protestante Martín Niemöller y las pronunció durante un sermón en la Semana Santa de 1946 en la ciudad alemana de Kaiserslautern, pero que independiente de su autoría, la realidad nos muestra por desgracia que no pierden su vigencia:

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, 
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío.
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

Fernando Alberca Vicente,
director de Comunicación del Teléfono de la Esperanza


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