¿COMO NOS DISCRIMINAN CUANDO SOMOS PERSONAS ADULTAS MAYORES O VIEJOS SEGÚN OTROS?

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Los derechos humanos tienen la visión y el propósito de velar por la libertad, el bienestar, la igualdad y la dignidad de todos los seres humanos.
Unos de los logros más notables del siglo XX fue el desarrollo del reconocimiento de estos derechos.
El principio de igualdad ha sido la fuerza impulsora de los derechos humanos y constituye uno de los pilares del desarrollo humano que destaca la igualdad de oportunidades y opciones. El carácter universal de los derechos humanos exige que todas las personas sean tratadas de igual modo, sin discriminación.
Los individuos que discriminan tienen una visión distorsionada de la esencia del ser humano ya que se atribuyen a sí mismos características o virtudes que los ubican un escalón más arriba que ciertos grupos. Desde esa altura pueden juzgar al resto de los individuos: Muchas veces este rechazo se manifiesta con miradas odiosas o con la falta de aceptación en lugares públicos, trabajos o escuela, acciones que afectan a la persona rechazada.
Las personas discriminan por el temor a las diferencias, por el miedo a enfrentar las diversas identidades de las personas y grupos que componen una sociedad o una comunidad. Porque a menudo sentimos que esta diferencia amenaza nuestra identidad sin comprender que esta diversidad es la que nos lleva al enriquecimiento mutuo.
Las personas adultas ven vulneradas su dignidad cuando se los abandona o restringe entre otros el derecho a una vida sin violencia, a la salud, al trabajo, a la vivienda, alimentación, recreación. Son discriminadas de múltiples formas y en los siguientes ámbitos:
En el ámbito privado:
Cuando existe rechazo, maltrato físico, emocional o explotación por parte de la familia, amigos o la pareja.
La familia no atiende a la persona adulta mayor, no le proporciona alimentos adecuados, ropa limpia, un lugar seguro donde vivir, higiene personal, y la posibilidad de establecer contactos sociales.
La familia, los amigos o las parejas utilizan ilícitamente el patrimonio o los bienes de la persona de edad o se apropia de ellos indebidamente el cuidador o la familia.

En el ámbito público: el transporte público de pasajeros que no respeta los espacios urbanos y la inseguridad frente a robos… etc.

Este fenómeno de la discriminación es multidimensional porque afecta a diversos individuos, tanto a los que la ejercen como a los que la viven; es integral porque afecta a toda los ámbitos de la vida del ser humano; es progresiva ya que se acumula y se incrementa produciendo efectos más graves , dando lugar a nuevos problemas y a una mayor vulnerabilidad, por lo que la discriminación se vuelve un problema cíclico.
La discriminación y violación de derechos hacia las personas adultas mayores es una realidad en nuestro país que no podemos negar; se ejercen de muy diferentes maneras desde los actos más sutiles que parecen invisibles ante los ojos de toda la sociedad hasta los actos más crueles e inhumanos que dan cuenta de esta problemática cuando aparecen en los diarios como noticias de primera plana.
El viejismo de Buttler
R. Buttler, científico norteamericano, describió en 1973 un conjunto de actitudes negativas que él veía en la sociedad con respecto a los viejos. Este fenómeno fue muy estudiado en nuestro país por Leopoldo Salvareza quien lo llamó “viejismo” y ese viejismo significa rechazo, tendencia a la marginalización , temor, desagrado, negación, agresión, todas actitudes ligadas entre sí y que operan discriminando a la persona que envejece.
El viejismo es un prejuicio esto es, una actitud no pensada sino incorporada a través de los años y trasmitida por la cultura. Podemos decir que no es una actitud general pero sí muy frecuente, depende en mucho de las identificaciones que desde pequeños hacemos con nuestros mayores.
La gerontofobia si bien relacionada con este prejuicio es una actitud fóbica es decir un síntoma que se desprende de desplazamientos de fuertes temores, con causas personales con vivencias individuales sobre los viejos.
Varios factores refuerzan el viejismo: se ve al envejescente declinar físicamente, ya no son portadores de lo que esta sociedad consumista levanta como modelos que giran alrededor de tener belleza corporal poderío físico, despliegue de objetos valiosos.
Ya no son productivos, lo que equivale en esta sociedad a no ser útiles, La tecnología rápidamente cambiante va reemplazando los cuentos del abuelo, tan ricos en contenido de experiencia vivida como en contacto afectivo. Ahora los niños están más atentos a la televisión a la computadora o a los videos.
Por otra parte los envejescentes marcan y recuerdan el paso del tiempo que es inexorable y del cual ningún ser viviente puede escapar y esto causa primero molestia y luego desencadena angustia, temor (a la vejez, a la muerte) y sabemos que el temor genera hostilidad y negación. No queremos ver eso que genera miedo y esto en gran medida está conformado por el desconocimiento y no olvidemos que dentro de la sociedad y formados por ella están los profesionales de la salud.
Por 
Marta Rodríguez Vázquez
Martina González Rodiño
Equipo Violencia y Maltrato Instituto Europeo Campus Stellae

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