No habrá Haití sin haitianas. Especial: el papel de las mujeres en la reconstrucción


El 12 de enero de 2010 la Tierra se tragó la capital de Haití, Puerto Príncipe. El terremoto de 7’3 grados en la escala Richter acabó con la vida de en torno a 316.000 personas y destrozó un país que ya era el más empobrecido de América. Las mujeres, que son el 52% de la población haitiana, sufrieron el impacto de la catástrofe de forma especialmente contundente. Además, la muerte de tres cabezas visibles del feminismo en Haití parecía desmadejar el movimiento y acabar con los avances conseguidos. Sin embargo, iniciativas de base y comités espontáneos demostraron y demuestran que el movimiento feminista sigue vivo en Haití y que las mujeres deben ocupar un lugar central en la reconstrucción. Mientras, Naciones Unidas, el Gobierno haitiano y los estados donantes parecen no entender que sin haitianas no es posible pensar un país nuevo.

Durante aquellos 35 segundos, el temblor se llevó por delante, entre otras muchas vidas, las de tres mujeres que lideraban el movimiento feminista en Haití. Myriam Merlet, Anne Marie Coriolan, y Magalie Marcelin acababan de empezar la reforma del poder judicial que nunca tomó en serio la violación y estaban creando infraestructuras para proteger a las niñas y mujeres de la violencia machista y la trata. Merlet, Coriolan y Marcelin desaparecieron en el momento en que más falta hacían, pero otras siguen adelante con esta pelea.

El terremoto impactó de forma desproporcionada a las mujeres, porque además de discriminación sexista directa, enfrentan altas tasas de pobreza y violencia. Fueron las mujeres además las que se responsabilizaron tras la catástrofe de las personas más vulnerables: bebés, niñas y niños, personas de la tercera edad y miles de personas con discapacidades recientemente adquiridas. Sin embargo, este golpe no les ha paralizado. Mujeres construyendo en un país en ruinas

“En los primeros 150 días tras el terremoto se denunciaron más de 250 casos de violación en varios campamentos, y se cree que ésta cifra es sólo una pequeña muestra de la realidad”, cuenta Amnistía Internacional. Cuando surgió el cólera, mujeres y niñas ya estaban enfrentando otra epidemia más conocida en el país: la violencia sexual. Aunque ésta ya era alta en Haití antes del terremoto, después del desastre aumentó de manera espectacular.

Seis meses después, MADRE -organización nicaragüense que lucha por los derechos de las mujeres en todo el mundo-, el Instituto para la Justicia y la Democracia en Haití (IJDH), TransAfrica Forum y las Universidades de Minnesota y Virginia, dieron a conocer un informe titulado ‘Nuestros cuerpos están todavía temblando: Mujeres Haitianas en Lucha Contra la Violación’, que documentó los alarmantes niveles de violencia de género en campamentos, y el fracaso del gobierno de Haití, las Naciones Unidas y la comunidad internacional en su conjunto para responder a la crisis.

Ante eso, organizaciones de base como KOFAVIV, una organización haitiana hermanada con MADRE, trabajan de forma incansable contra esta realidad. Las mujeres de KOFAVIV tienen la habilidad de transformar una donación, como la entrega de kits para prevenir el cólera, en una jornada educativa, de reunión e intercambio para las mujeres a través de la música. Música contra la violencia, canciones que unen y tejen redes entre las mujeres.

MADRE está comprometida por su parte en “apoyar este trabajo y el esfuerzo por asegurar que cada mujer y cada niña haitiana puedan vivir de forma segura y libre de violencia”, cuenta Natalia Caruso, directora de programas de la asociación.

De la mano de la organización británica ActionAid, apenas una semana después del terremoto, ya se habían establecido comités de mujeres para prevenir las posibles violaciones y se desarrolló un sistema para que aquellas más vulnerables fuesen vigiladas durante la noche por personas voluntarias en distintos campamentos de Puerto Príncipe. En Mariani cada tarde la policía haitiana visita los campos y estos comités entregan a quien haya sido acusado de cometer agresiones sexistas. Estas iniciativas han conseguido reducir el riesgo de abusos y, aunque se echa de menos el compromiso de las instituciones y de organismos internacionales, “supone un gesto positivo de auto organización en la comunidad”, declara el director de ActionAid Haití, Jean Claude Fignole.

Plan para reconstruir Haití. ¿Dónde están las haitianas?

La otra forma de violencia que han sufrido las mujeres haitianas ha sido el olvido en el fallido y lento proceso de reconstrucción que un año después apenas ha avanzado. La falta de apoyo exterior, la ausencia institucional, la no liberación de tierras por parte del Gobierno y la lenta burocracia hacen que un año después del terremoto tan solo se haya desescombrado un 5% de la capital.

Nada más producirse el sismo, decenas de organizaciones de base clamaron por una reconstrucción hecha sobre bases más sostenibles e igualitarias para evitar el desarrollo de políticas de recuperación que reprodujesen la discriminación contra las mujeres. La Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU insta a que la perspectiva de género sea integrada en las planificaciones para la reconstrucción, garantizando la participación y el liderazgo pleno de las mujeres en todas las fases de la reconstrucción. La mayoría de las haitianas forman parte de comunidades de base cuyas voces y perspectivas debían ser integradas en todos los aspectos del Plan Nacional de Acción para Haití.

A pesar de estos llamamientos, la ausencia de compromiso hacia las cuestiones relativas a los derechos de las mujeres fue evidente en la Conferencia Internacional de Donantes para Haití, celebrada el 31 de marzo pasado en Nueva York, en la que se prometieron miles de millones de dólares para financiar la reconstrucción. Aquel mismo día más de cien organizaciones1 y redes de mujeres se reunieron en paralelo frente a la sede de la Conferencia de Donantes y dieron a conocer el informe ‘Sombra sobre Género’ que proporciona un análisis de género de la Evaluación de Necesidades Post Desastre (PDNA). Este informe estaba precedido por una carta abierta a los donantes exigiendo que se incluyesen las voces de las mujeres haitianas en el proceso de la reconstrucción.

La elogiada escritora haitiana-estadounidense Edwidge Danticat calificó entonces este informe como “vital para la transparencia, la igualdad, los derechos de las mujeres y de las niñas”, y un paso importante para “garantizar que las voces de las mujeres y las organizaciones de base formen parte de las conversaciones acerca de la reconstrucción.” Danticat concluyó que “las mujeres haitianas y sus organizaciones deberían ocupar un lugar central en la reconstrucción”.

Antes del terremoto, la ONU informó de que casi la mitad de los hogares eran dirigidos por mujeres; sin embargo, éstas representan sólo una pequeña parte del Senado y la cámara inferior de Gobierno. Son excluidas de la toma de decisiones y tienen menos acceso a los recursos, pese a ser el epicentro de las comunidades.

Fuente: http://www.pikaramagazine.com/?p=1915

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