Hay vida más allá de la jornada completa



El cabeza de familia está muerto. Aquello de que el hombre trabaja fuera y la mujer en casa hace décadas que se terminó. Nuevos tiempos, nuevas preguntas. Si un sueldo y ocho horas de trabajo bastaban entonces para mantener a la prole, ¿por qué no podrían ahora servir los dos sueldos de la pareja para hacer lo mismo con la mitad de tiempo? La idea tiene algo que ver con el clásico problema matemático para niños que habla del número de obreros y el tiempo que tardan en construir una casa. A más trabajadores, menos horas; cuestión de proporcionalidad inversa.
El mecanismo en la vida real no es, sin embargo, tan sencillo, y en cualquier caso solo países como Holanda, con el modelo de trabajo a tiempo parcial muy desarrollado, pueden planteárselo en esos términos. España se encuentra en otra fase, alejada de ese ideal de tiempo libre y conciliación de vida laboral y familiar.

El Gobierno está fomentando la jornada parcial entre jóvenes y parados de larga duración. Trata de reducir un desempleo del 20%, que llega al 32% para los menores de 30 años: ya que las empresas no contratan a tiempo completo, a ver si con bonificaciones fiscales se animan a hacerlo a jornada parcial, que cuesta menos.La medida, incluida en el Acuerdo Económico y Social que firmaron en febrero Ejecutivo, patronal y sindicatos, exime a las empresas de abonar cuotas a la Seguridad Social durante 12 meses por los parados que contraten a tiempo parcial si son menores de 30 años o llevan más de uno buscando empleo. La bonificación es del 100% para empresas con una plantilla inferior a 250 trabajadores y del 75% para las que superan ese número. En febrero, la contratación a tiempo parcial fue un 4% superior a la del mismo mes del año anterior.La medida tiene carácter coyuntural, de prueba. Estará en vigor un año, desde su aprobación el pasado febrero. Pero pone sobre la mesa un viejo debate: ¿por qué en España la jornada parcial está mucho menos extendida que en otros países de Europa, como Alemania, Holanda o Reino Unido? ¿Por qué empresas y ciudadanos se resisten a normalizarla?

Y, sobre todo, ¿se puede pensar en ella como un avance social que haga la vida más cómoda o hay que asociarla, inexorablemente, a cierta precariedad?La comparación con Europa muestra que los países más avanzados tienen porcentajes más altos de contratación a tiempo parcial. Según los últimos datos de Eurostat (del tercer trimestre de 2010), en Alemania alcanza el 26,1% de los trabajadores; en Reino Unido, el 27%; en Suecia, el 25,5%; en Holanda, el 48,9%. Las menores tasas se registran en Bulgaria y Eslovaquia; y en los países mediterráneos son más bajas que en los del centro y el norte: 14,7% en Italia, 12,8% en España.Dice la secretaria de Estado de Empleo, Mari Luz Rodríguez, que el programa se pone en marcha con una "doble mirada". La principal es la del plan de choque contra el desempleo, pero "también existe una visión a largo plazo; los países con mayores porcentajes de contratos a tiempo parcial registran también las menores tasas de paro, sobre todo juvenil y femenino.

Nunca diré que es un contrato especial para ellas, pero facilita la incorporación de la mujer al trabajo", asegura. Y es cierto que en toda Europa la ocupación parcial femenina es muy superior a la masculina. En España, entre las mujeres representa el 22,4%; entre los hombres, el 5,2%.Sandalio Gómez, catedrático de relaciones laborales de la escuela de negocios IESE y férreo defensor de la jornada parcial, considera que si en el sur de Europa está menos extendida es porque la mujer ha tardado más en incorporarse al mercado de trabajo. Ahora que el modelo del breadwinner (el hombre que trae en exclusiva el dinero al hogar) parece que agoniza, es momento de pensar en la jornada parcial como un instrumento de flexibilidad, según Gómez: "Se tiene que permitir al trabajador promocionar en la compañía aunque no trabaje a tiempo completo. No tiene por qué ser siempre la mitad de la jornada y del salario, sino el 70%, en algunos casos, o una parte del trabajo hecho desde casa, por ejemplo. Flexibilidad, en definitiva. Es de lo que estamos hablando en todas las escuelas de negocios".Los sindicatos son contrarios al fomento de la media jornada porque juzgan precarias sus condiciones.

Toni Ferrer, secretario de acción sindical de UGT, habla de tres obstáculos para su desarrollo en España: la alta tasa de temporalidad y su frecuente vinculación a jornadas parciales, los a menudo exiguos niveles salariales que impiden vivir con la mitad del sueldo, y una protección social que considera insuficiente.UGT y CC OO exigen cambios normativos. En el Acuerdo Económico y Social lograron introducir una cláusula de revisión a los seis meses del inicio del plan de choque para analizar su impacto y, en su caso, proponer "una nueva regulación del trabajo a tiempo parcial que incluya, entre otros aspectos, el de su protección social".


Lo que consideran prioritario en este sentido, dice Ferrer, es que el hecho de trabajar menos horas no perjudique a las pensiones. "Se cotiza por horas trabajadas; si la cotización es baja, las pensiones también serán bajas", asegura. Según la legislación española, a cada hora de trabajo a tiempo parcial se le aplica un coeficiente corrector del 1,5 a efectos de pensiones de jubilación e incapacidad permanente. Es decir, cada hora trabajada cuenta como hora y media cotizada para acceder a estas prestaciones. Para los sindicatos ese multiplicador es insuficiente y debería incrementarse al 1,75 o incluso al 2.La protección social ha sido un elemento clave para el arraigo de la jornada parcial en los Países Bajos, donde ya tienen las mañanas o las tardes libres casi la mitad de los trabajadores. Allí no han de preocuparse por la jubilación porque la denominadapensión de vejez (AOW) cubre a todos los que hayan residido en el país en cuanto cumplen 65 años, y a esta se añade otra complementaria que está en función de lo que hayan cotizado por sus ingresos.Pero el proceso holandés ha sido evolutivo y su punto de partida hay que buscarlo, precisamente, en un contexto de crisis con altas tasas de paro. Elena Sirvent obtuvo en 2007 el premio del Consejo Económico y Social (CES) a la mejor tesis doctoral por un estudio en el que, entre otras cuestiones, cuenta las etapas por las que ha pasado Holanda en su tránsito a lo que ella denomina la sociedad a tiempo parcial.

Primero vino el atolladero económico. La crisis del petróleo de 1973 castigó duramente a Holanda, debido al embargo de crudo al que los países árabes la sometieron por su abierto apoyo a Israel en la guerra de Yom Kippur. Las mujeres con hijos empezaron a trabajar fuera de casa y la jornada parcial fue una buena fórmula. En los años ochenta, el Gobierno impulsó este tipo de contrato para intentar paliar la elevada tasa de paro (del 13% en 1984) fomentando, entre otras medidas, las reducciones de jornada. A lo largo de los noventa se mejoraron, mediante sucesivas reformas, las condiciones laborales de esos trabajadores, cuyo número iba en aumento. Tales medidas llegaron al punto de reconocer el derecho del empleado a ajustar sus horas de trabajo tanto al alza como a la baja sin tener siquiera que explicitar los motivos, a menos que causara con ello graves problemas de organización a la empresa. La última fase de las que habla Sirvent, vigente, consiste en promover la media jornada entre los hombres. El objetivo es alcanzar el combination scenario, en el que ambos miembros de la pareja comparten responsabilidades familiares y trabajan a tiempo parcial.Suena bastante ajeno a la vida española, pero el porcentaje de empleos a media jornada ha crecido significativamente en la última década (representaba el 8% del total en el año 2000 y hoy ronda el 13%). Además, la mujer no tiene que incorporarse al mercado laboral.


Ya está incorporada. Ahora aspira a que sus condiciones se equiparen completamente a las del hombre, y en este sentido el empleo parcial tanto puede ser un instrumento para ella como para él. Al menos, en potencia. En el caso de Jaume Sala, fisioterapeuta que trabaja en Asepeyo cinco horas cada mañana, el cuidado de sus tres hijos recae más en él que en su mujer, empleada a tiempo completo. "Tendríamos más dinero si los dos trabajáramos ocho horas, pero a veces hay que elegir entre la compensación económica y la familiar", afirma.Las comparaciones entre países nunca son exhaustivas, debido a la cantidad de variables que intervienen. Pero siempre pueden esbozarse algunos paralelismos. Así, las reducciones de jornada también han sido determinantes para Alemania en la última crisis, que no ha llegado nunca al 10% de paro a pesar de que su economía cayera un 5% en 2009. La última reforma laboral en España pretende potenciar un mecanismo parecido al germano, pero ya es tarde para los más de dos millones de españoles que han perdido su empleo durante la Gran Recesión.

Al margen de la política, es clave para el desarrollo de la jornada parcial que los empresarios crean en ella: "Se piensa que el trabajador no se va implicar igual que otro con una jornada más larga, y debería ser al contrario; cuantas más facilidades se le den para que concilie vida laboral y familiar, mejor se sentirá en la empresa y mayor será su rendimiento", dice Gómez, el profesor del IESE.Joan Tolrà, director de Responsabilidad Social Interna de Asepeyo, dice que además de la mentalidad ha de cambiar la regulación: "A veces es más complicado modificar el tipo de jornada que despedir a un trabajador", sostiene. Su empresa sí cree en este tipo de contrato y, de hecho, un 25% de los empleados trabaja cinco horas al día de media. También es una práctica común en Infojobs, cuyo director, Jaume Gurt, ve lejano ese cambio de mentalidad empresarial. "Aquí también nos costó, pero lo hicimos cuando vinieron los primeros partos", afirma.Las medidas gubernamentales de fomento de la jornada parcial suelen incorporar bonificaciones fiscales para las empresas, y la CEOE acostumbra a apoyarlas. Para este reportaje prefirieron no hablar, arguyendo que mientras dure el diálogo sobre la reforma de la negociación colectiva no quieren hacer declaraciones.Los sindicatos tienen claro que los españoles preferirán jornadas completas mientras no mejoren las condiciones de las parciales. La Encuesta de Población Activa (EPA) del IV trimestre de 2010 les da, en parte, la razón, ya que el 51,2% de los ocupados a tiempo parcial declaraba que lo hacía por no haber podido encontrar otro tipo de empleo.Toni Ferrer, de UGT, concluye que "el tiempo parcial puede tener un papel importante, pero si mejora la protección social". Sandalio Gómez, del IESE, dice que "su potencial de crecimiento es muy grande, pero la cultura empresarial ha de cambiar y la apuesta del Gobierno, crecer".

Los expertos coinciden en que hay vida más allá de la jornada completa y en que España podría aprovechar mejor ese espacio del mercado de trabajo, si bien queda mucho por transformar. Aquel problema matemático para niños que habla de obreros que construyen una casa es difícil de resolver en la vida real. Y es que, en las ciencias sociales, dos y dos no siempre son cuatro. Ni cuatro y cuatro (horas) son siempre ocho.

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