«Me vigila porque me quiere»

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«El otro día vino por la asociación una madre preocupada. Comentó que el novio de su hija adolescente le pidió que borrara los contactos de sus amistades del teléfono móvil. Lo hizo porque le iba a mirar el terminal, pero los pasó luego al teléfono de la madre». Para la responsable de la asociación de mujeres víctimas de violencia machista Liberanza, la compostelana Carmen Esperante, ese es un tipo de comportamiento «muy preocupante». No le extraña que la madre acudiera al colectivo a pedir consejo para actuar. Y es que el trabajo con jóvenes es una de las tareas básicas que realiza esta entidad para atacar un fenómeno, el de la violencia machista, que se ha convertido en una lacra social.

Esperante explica que, aunque en temas de violencia doméstica se ha avanzado «porque ya no hay disculpa», aún pueden verse muchas actitudes que hacen saltar las alarmas. «Todavía encuentras muchas chavalitas que ven totalmente normal que el novio les diga que no salgan solas a la calle». La respuesta ante eso, a veces, es que «me vigila porque me quiere». Para corregir ese tipo de supuestos que ven «normales», hay que educar, como dice, desde abajo.

La concienciación y la educación en el aula es uno de los trabajos que realizan desde entidades como el Centro de Información da Muller (CIM) de Arteixo. Hace un mes ofrecieron unas charlas en el instituto Manuel Murguía. El debate versó en torno a las relaciones entre chicos.

Los talleres de educación que realizan ayudan, pero a juicio de la directora de este centro arteixán, Enma Sánchez, el tema de la violencia machista debería incluirse en el currículo escolar ordinario. «A clave está en educar», recalca. Incluso va más allá y explica que el profesorado debería tener esa perspectiva.

Estereotipos

Con todo, la charla que ofrecen cada año da un fruto y permite ver la percepción que hay entre los componentes de ese segmento poblacional del problema. En este sentido, la psicóloga de este centro de atención da muller, Sandra Barbeiro Pan, explica que «en las charlas observas cómo todavía existen muchos estereotipos». Y surgen cuando se habla, por ejemplo, de cómo han de ser las relaciones de pareja. «Ás veces topas con que din que teñen un mozo ou moza que cada dez minutos lles manda unha mensaxe. O concepto que teñen é que o fan por amor porque están pendentes todo o tempo do que fan», comenta. Pero frente a esa percepción que pueden tener algunos, destaca que también es cierto que una vez que dialogas sobre ese tipo de actitudes, se dan cuenta de que ese tipo de cosas deben dar un poco que pensar.

Todos estos comentarios los realizan justo antes de mantener un encuentro de seguimiento de casos de violencia en la zona con un responsable del tema de la Guardia Civil. La mayor parte de las nuevas víctimas que atienden en el CIM son derivadas precisamente por los cuerpos de seguridad.

Tanto la trabajadora social, Karina López Graña, como la letrada Cristina Martínez, que trabajan en el CIM arteixán, inician ahí una tarea durante la que, entre otras cosas, tienen que ayudar a cada afectada a ver qué precisan para cubrir los documentos imprescindibles para poder optar a ayudas o incluso para ir a juicio. Porque desenvolverse en ese campo no es fácil para muchas víctimas. «A principal dificultade ao principio é o trámite administrativo e xudicial, hai que buscar papeis, falar con avogados. Cando iso xa está resolto, empeza o traballo coa psicóloga», explican trabajadores del CIM.

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es/galicia/2011/05/31/0003_201105G31P10991.htm

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