El aula previene la desigualdad

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Maestros, universitarios, políticos. Hace tiempo que la población gitana empezó a abrirse camino más allá de los tópicos. "Cuando era pequeño ayudaba a mi padre con el ganado de feria en feria. Ahora tengo un despacho en la Generalitat", cuenta Manuel Domingo Heredia, de 62 años, que se define como un "gitanico de pata negra pero del siglo XXI". Es decir, sigue los códigos culturales de su etnia, pero sin renunciar a la integración.

La inclusión social mejora, pero continúa estando lejos del resto de ciudadanos. Para lograrlo, entidades como la Fundación Secretariado Gitano (FSG) señalan que hay que llegar a la raíz del problema: el abandono escolar. La estrategia marco que la Comisión Europea fijó el pasado abril para todos los Estados comunitarios establece, como mínimo, que se garantice la finalización de la enseñanza primaria, y se rebaje el absentismo en secundaria, etapa que solo termina un 10% del alumnado gitano en Europa.

Heredia trabaja como asesor político en el Departamento de Bienestar Social y Familia de la Generalitat de Cataluña. Pone en marcha proyectos para mejorar la vida de esta población: "Formamos, por ejemplo, a gitanos para que vayan a dar charlas en los colegios sobre la importancia de terminar la ESO", explica.

Mientras la Comisión se centra en la escolarización de los más pequeños, España (con una población gitana de más de 700.000 personas) pone el foco en secundaria: "Ya hemos conseguido que el 94% de niñas y niños gitanos curse primaria; ahora nos preocupa más la ESO", dice Pedro Puente, presidente de la FSG. Puente atribuye ese 80% de abandono prematuro en la etapa obligatoria a "un relajamiento por parte de entidades y Administraciones públicas". Aunque añade que "también faltan recursos" para proyectos específicos.

El programa Promociona del Secretariado Gitano consiste en ofrecer clases de refuerzo educativo cada tarde a unos 300 menores de 20 ciudades españolas, y apoyo en tutorías a los padres para hacer llegar un mensaje: "No finalizar los estudios de secundaria es una garantía cierta de desigualdad durante las generaciones posteriores", recoge la publicación trimestral de la entidad el pasado diciembre.

"You are welcome", lee pausadamente un chico avispado que, a ratos, se distrae con el compañero. El resto, cuatro jóvenes aparentemente tímidas, sigue la lectura al otro lado de una gran mesa de reuniones. Tienen entre 10 y 17 años. "Es la única clase en la que se juntan de distintas edades porque en idiomas están más o menos igual de flojillos", justifica la coordinadora de uno de los centros de la fundación, situado en Latina-Caño Roto, un barrio obrero al sur de Madrid. El 68% del alumnado gitano tiene un nivel académico dos cursos por debajo del que le corresponde, según el último informe anual de la FSG.

Estas clases reducidas a unos 10 estudiantes son gratuitas. El alumno tan solo debe demostrar interés, ir aprobando las asignaturas cada trimestre y no haber reunido un gran número de faltas continuadas en su colegio. "Mi hija ahora se siente más segura. Antes no se concentraba y nosotros no le podíamos ayudar con los deberes", cuenta Enriqueta Castro, de 34 años, ama de casa que con 12 tuvo que dejar el colegio para "echar una mano en casa".

La falta de referencias desmotiva aún más a unos adolescentes, que encuentran mayores obstáculos que el resto a la hora de labrarse un futuro, sobre todo ellas, que sufren el lastre de la superprotección que ejerce su entorno. "Es cierto que a mi padre le costó asimilar que siguiera estudiando, pero nunca se opuso", cuenta Amalia Martínez, estudiante de 5º de Derecho en la Complutense. Esta joven, de 23 años, pertenece a ese 1% de gitanos que cursa estudios superiores. Es la única de su familia -tiene 40 primos- que ha ido a la Universidad. Sus tres hermanas escogieron un camino diferente: ama de casa, dependienta en unos grandes almacenes y en la venta ambulante con la familia. Mientras Amalia coge apuntes de Derecho Romano en la facultad, sus padres trabajan en un mercadillo callejero. "Mis mejores amigas son payas y salgo a divertirme como cualquier otra chica de mi edad, pero no olvido de dónde vengo y me encanta, por ejemplo, ir a las bodas gitanas con mi familia".

La madre de Suleima, la chica que asiste a las clases de refuerzo, confiesa "estar harta" de que se asocie la etnia con pobreza y marginalidad: "Siempre sale en la tele el niño con los mocos y que somos todos unos delincuentes", dice. "Ser gitano se confunde con ser maleducado; la educación depende de cómo te críes y las oportunidades que tengas", continúa Martínez, la estudiante de Derecho. Ambas coinciden en que la falta de formación "reduce mucho tu dimensión de vida" y aconsejan a todos los chavales, gitanos o no, "que no se nieguen su capacidad de elección": estudien o no. "Pero que sean ellos los que decidan", subraya la universitaria.

"Con 15 años no sabes lo que quieres hacer con tu vida", dice Javier Lorente, de 31. Él tampoco lo supo, por eso regresó a las aulas hasta convertirse en profesor de música. Ha colaborado con la fundación dando charlas en los colegios "para motivarles" con su experiencia. La inmensa mayoría de los gitanos en edad laboral carece de la formación precisa para un empleo cualificado, dice la Comisión Europa.

Un estudio del Banco Mundial de 2010 señala que la plena integración de los gitanos en el mercado laboral supondría un beneficio económico equivalente, "al menos, a 500 millones de euros para algunos países". Por ejemplo, para Francia, un país que levantó una gran polémica el verano pasado, cuando su Gobierno decidió expulsar en masa a gitanos rumanos.

Una discriminación que dificulta el acceso al poder. "Mi gran descontento es que no hubiera candidatos gitanos en las listas electorales", opina Heredia. Este asesor político está convencido de que cualquier gitano puede llegar hasta donde se lo proponga, "incluso a presidente del Gobierno. ¿No lo consiguió Obama?".

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/educacion/aula/previene/desigualdad/elpepuedu/20110613elpepiedu_1/Tes

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