Un fiscal de EE UU pide cadena perpetua para un niño de 12 años

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Todo en la vida de Cristian Fernández fue prematuro. Desde el pasado 15 de marzo, el niño, de 12 años (de Jacksonville, Florida), se encuentra en prisión preventiva, acusado del homicidio de su hermanastro, David Galarriago, de solo dos años. Un jurado ha aceptado juzgarle como adulto, por lo que se enfrenta a cadena perpetua sin condicional. En manos de los abogados obran pruebas que dan fe de las palizas que Fernández le propinaba al bebé y de las dramáticas circunstancias en las que el supuesto homicida fue criado. Su defensa asegura que aún hay una oportunidad de reformarle y darle una vida mejor. La fiscalía argumenta que, con una muerte a sus espaldas, ya es tarde.

Su madre, Biannela Susana, dominicana, lo tuvo en 1999, cuando tenía 12 años. El padre fue condenado por relaciones sexuales consentidas con la madre, porque ella era entonces menor. Madre e hijo vivieron en el sur de Florida con su abuela, que tenía unos 30 años. Los servicios sociales trasladaron pronto a la madre y al niño a casas de acogida temporal. Susana encontró otra pareja, un padrastro que tenía sus propios problemas con la justicia y que acabó por suicidarse frente a toda la familia, cerca de Miami, cuando unos agentes de policía le iban a detener.

En la vista previa al juicio, los abogados de Fernández mostraron pruebas de su infancia rota para intentar que el jurado aceptara juzgarle como un niño. No lo lograron. El 3 de junio estimó que hay motivos suficientes para considerarle adulto. EL PAÍS pudo contactar con el abogado de oficio de la defensa, Rob Mason, el viernes. Este afirmó que el juez había impuesto el secreto de sumario. "Es perturbador, pero si se considera la seguridad del resto de niños en su hogar y en el resto de la comunidad, no es tan perturbador", dijo la fiscal Angela Corey.

Susana, la madre, fue detenida y será juzgada en septiembre por encubrir los abusos a su hijo fallecido. Aseguran los fiscales que ocultaba sistemáticamente las palizas de su hijo mayor. Cuando, el 22 de enero, Fernández le rompió una pierna a su hermanastro, la madre mintió a los agentes de policía y les dijo que la fractura la había provocado una caída. Tardó, además, dos días en buscar atención médica, esperando que la rotura se curara por sí misma.

El pequeño murió en marzo. La madre justificó las muchas heridas de su cuerpo por una caída. Los fiscales aseguran que fueron el resultado de las numerosas palizas de su hermanastro. Tenía una fractura en el cráneo y una hemorragia interna. Su madre estaba fuera de su residencia cuando ocurrió la paliza mortal. Al regresar, y ver a su bebé en coma, no llamó a la policía. Le aplicó hielo sobre la cabeza y buscó en Internet técnicas de reanimación. Después de dos horas, lo llevó al centro hospitalario St. Luke sin llamar a la policía. Falleció dos días después. El 17 de marzo se le practicó la autopsia y el forense determinó que la muerte había sido homicidio, según revelan los informes policiales.

Según un informe del sheriff de Jacksonville, Fernández había sido arrestado el 15 de marzo. Se le leyeron sus derechos. Él confesó en el acto: la paliza, el modo en que la propinó, el desmayo de su hermanastro menor. "¿Sabes que lo que has hecho está mal?", le preguntó el agente. "Sí", dijo.

"Son muy pocos los casos en que se juzga a un menor como un adulto, en esas circunstancias", explica el director del programa de justicia criminal de la Universidad de Vanderbilt, Christopher Slobogin. "Pocos Estados lo permiten, pero Florida se encuentra entre ellos. Puede suceder cuando las circunstancias de un crimen sean tan graves como las de este caso. La única salvedad es que, de acuerdo con la jurisprudencia del Tribunal Supremo, es ilegal condenar a los menores de 18 años a pena de muerte. Y se les puede condenar a perpetua sin condicional solo cuando se trate de homicidios, como este caso".

Si resulta condenado, Fernández será el preso más joven de EE UU en iniciar una cadena perpetua. En la misma localidad, Jacksonville, Joshua Phillips fue condenado en 1999, cuando tenía 14 años, a prisión de por vida sin condicional, por el homicidio de una niña de ocho años. Escondió el cadáver bajo su cama durante días. La misma suerte corrió Lionel Tate, que recibió una condena similar en 2001, cuando tenía 14 años, por el homicidio de una niña de seis años, en el condado de Broward de Florida.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/fiscal/EE/UU/pide/cadena/perpetua/nino/anos/elpepusoc/20110612elpepisoc_7/Tes

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