El funcionario juez Serrano tiene mal perder judicial.

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Francisco Serrano un radical que no admite a una mujer como igual, y así lo demuestra con sus continuos ataques a la figura materna y femenina.

 ¿Por qué esa obsesión contra lo que represente algo femenino?



Al hilo del artículo prublicado por : Al Sur de la Izquierda . Por Antonio Avendaño.


El juez Serrano tiene mal perder judicial. El Tribunal Superior de Andalucía lo ha condenado por prevaricación a dos años de inhabilitación y el juez ha decidido recurrir la sentencia. Por supuesto, su mal perder no tiene nada que ver con haber recurrido un fallo que considera injusto. El mal perder es porque el juez ha culpado al “feminismo radical” de su procesamiento y ha utilizado palabras tan gruesas y poco ponderadas como atribuir a quienes lo denunciaron sentimientos de “odio y venganza” contra un magistrado como él que lo único que ha hecho siempre es “defender su independencia y no casarse ni con hombres ni con mujeres”.

Al contraponer implícitamente feminismo a secas y feminismo radical, el juez recuerda sin pretenderlo a quienes solían en el pasado contraponer:
libertad y libertinaje o 
en el presente laicidad y laicismo. 
Lo que tienen en común todos ellos es que no suelen creer demasiado ni en la libertad ni en el laicismo ni, claro está, en el feminismo.

Y así remataba el juez su faena: “Siempre defenderé a hombres y mujeres desde la equidad, sin tener ningún tipo de privilegio ni prejuicio hacia ningún sexo”. No advierte Serrano que los prejuicios de quienes dicen no tenerlos suelen ser los peores. Y lo son porque se trata de los prejuicios más ocultos, de los mejor camuflados en el alma, con cuyos buenos sentimientos logran confundirse como se confunden ciertas alimañas con el paisaje en el cual se agazapan furtivamente. Como las creencias de Ortega, los prejuicios no suelen ser algo que se tiene, sino más bien algo que nos tiene a nosotros.

Francisco Serrano fue condenado por prevaricación por modificar arbitrariamente el turno de visitas de un niño para que pudiera salir en una procesión de Semana Santa. Serrano sostiene que actuó única y exclusivamente pensando en el beneficio del menor, y puede que fuera así, pero el TSJA ha entendido que eso es prevaricación. De nuevo lo que está en discusión es el fuero y no el huevo. El juez se agarra a que el huevo de cambiar en apenas un día y medio un régimen de visitas es una minucia, y puede que lo sea, pero su argumentación es calcada a la de quienes siempre vieron una minucia en los “cuatro trajes” que se dejó regalar el presidente valenciano Francisco Camps.

El juez actuó con ligereza y por eso ha sido castigado, porque en su oficio está terminantemente prohibido actuar con ligereza. Como ciudadano puede hacerlo, y de hecho ayer lo hizo; como juez, no. Otra cosa bien distinta es que esa ligereza merezca el pesado castigo de dos años. Lo justo sería aligerarlo.

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