La violencia machista y la brecha salarial lastran la igualdad en la UE

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Mujeres trabajadoras en la empresa de calzado Magrit, en Elda-Monovar (Alicante). / CARLES FRANCESC

  • El 48% de los europeos apunta a las agresiones como principal problema.
  • El 69% afirma que la discriminación retributiva es un escollo importante.
 
María R. Sahuquillo Bruselas 8 MAR 2012 - 08:45 CET

La violencia machista ya no es un asunto que permanece oculto en el hogar. Algo que, como algunos creían hace años, se soluciona “entre los de casa”. El 48% de los europeos la identifica como la principal lacra entre las desigualdades de género en la UE. Y ese porcentaje es mucho más alto entre los españoles: el 74% afirma que las agresiones contra las mujeres son el problema primordial, según revela el Eurobarómetro sobre igualdad de género presentado esta tarde en Bruselas. Y tras ellos, para los suecos (64%) y los rumanos (62%) también es, muy por delante de otros, el principal escollo. Por contra, solo el 27% de los alemanes identifica este como el problema principal.

“Las agresiones contra las mujeres son una lacra que hombres y mujeres reconocen como un enorme problema. Ambos sexos, sin grandes diferencias (el 46% de los hombres y el 50% de las mujeres) consideran que es la primera desigualdad”, ha explicado Mikael Gustafsson, presidente de la Comisión de Igualdad de Género y Derechos de la Mujer del Parlamento Europeo, que ha explicado que el dato de que el problema se reconozca no implica que en los países donde más se menciona haya más situaciones de violencia machista. “Puede que los ciudadanos sean más conscientes de ello. Y reconocer el problema es un paso fundamental”, ha afirmado durante un seminario sobre igualdad celebrado en el Parlamento Europeo.
 
Tras esta lacra, la brecha salarial es el segundo factor de discriminación más identificado por los europeos. El 43% considera que el hecho de todavía haya mujeres que cobren menos que sus compañeros hombres por un trabajo de igual valor —un 17% menos de media, según datos de la UE— es el problema principal. Algo a lo que dan más importancia las mujeres (46%) que los hombres (39%) y los ciudadanos de a partir de 40 años. Los franceses, belgas, españoles y suecos son los ciudadanos que más transcendencia dan a esta realidad como uno de los principales factores de discriminación. Sin embargo, todavía para el 28% de los ciudadanos esta discriminación no es importante.

“Estamos ante una situación inaceptable”, considera la europarlamentaria italiana Roberta Angelilli (Partido Popular Europeo). “Las mujeres son más del 60% de los trabajadores en Europa, están más preparadas y mejor formadas, pero sufren más dificultades para acceder al mundo laboral, y a esto se le añade después que pueden recibir una retribución menor. Es una discriminación constante”, dice.

Leyes sin efecto

Las leyes europeas prohíben desde 1950 esa discriminación salarial. Una normativa a la que han seguido muchas otras —comunitarias y nacionales— que a pesar de todo no han conseguido atajar el problema. La eslovaca Edit Bauer (PPE) cree que no hacen falta más medidas legislativas para luchar contra este problema —“hay muchas, demasiadas, pero parece que no tienen todo el efecto deseado”—, sino otro tipo de políticas de control y de transparencia en contratos y salarios que impidan esa desigualdad. El Eurobarómetro muestra que los europeos (el 47%) prefieren que sea la UE la que emprenda acciones para luchar contra esta situación.

La encuesta, realizada en enero con entrevistas a más de 25.500 personas de los 27 países, muestra que los europeos son partidarios de sancionar a aquellas compañías que no respeten la igualdad. También consideran como medidas efectivas la de facilitar el acceso de hombres y mujeres a todo tipo de empleos -por ejemplo, más hombres en profesiones más feminizadas y al revés, la fórmula preferida por los españoles- y la de establecer un sistema para que los sueldos sean más transparentes.

Britta Thomsen, parlamentaria socialdemócrata alemana, cree que lo mejor para acabar con la discriminación retributiva es incentivar a las empresas que cumplen. Más que sanciones. Propone un ‘sello de calidad’ para las empresas. “Así yo, como trabajadora, sabré que si voy a presentarme para un puesto en esa compañía recibiré la misma remuneración que mis colegas hombres”, argumenta.

Menos prestaciones y pensiones más bajas

Ria Oomen-Ruijtenj (holandesa, PPE) apunta que la desigualdad en las retribuciones tiene otro problema añadido, y es que se perpetúa. “Es una bomba de relojería que no se desactiva, y puede ser cada vez peor, porque tener un salario más bajo implica tener una prestación por desempleo y una pensión de jubilación más baja”, dice. Según Claudia Menne, responsable de igualdad de género de la Confederación Europea de Sindicatos, las pensiones de las mujeres son, de media un 60% más bajas que las de los hombres en la UE. “Las mujeres ganan un 17% menos que los hombres, trabajan más a tiempo parcial y cogen más permisos sin sueldo”, dice. Por eso, una de las soluciones para evitar esa desigualdad en las pensiones es, para Loes Van Embden Andres, consejera de Businesseurope, incentivar que sean los hombres los que se cojan esas bajas sin sueldo. “En Holanda ya se contempla en algunos convenios que se siga cotizando en esos periodos sin sueldo”, dice.

En ese camino se dirige la propuesta de la Comisión de Igualdad de Oportunidades a la Comisión Europea, que ha pedido que se contemple la posibilidad de que las interrupciones para el cuidado de hijos o personas dependientes coticen de cara a las pensiones futuras.

La UE no cumple con la paridad
Las europarlamentarias también han hecho autocrítica. “En el Parlamento Europeo también queda aún un largo camino, también aquí hay menos mujeres que hombres en los puestos de responsabilidad”, ha asegurado Juana Lahousse-Juárez, directora general de Comunicación de la Eurocámara y una de las pocas mujeres al frente de una dirección general. En este organismo hay un equilibrio entre los trabajadores, sin embargo, según se asciende van ganando las corbatas. Apenas hay encargadas de comisiones, vicepresidentas. “Y solo ha habido tres presidentas del Parlamento Europeo”, apunta la italiana Angelilli. “El cambio no solo se logra con medidas legislativas, también hace falta cambiar la mentalidad”, añade. Y como en la mayoría de los parlamentos nacionales, el techo de cristal es común en otras instituciones comunitarias.

La Comisión Europea, que hace unos días dio los primeros pasos para exigir cuotas de mujeres en los Consejos de Administración de las Empresas, no predica con el ejemplo. Solo siete de las 26 comisarías las dirigen mujeres.

Más riesgo de pobreza

La desigualdad lastra el avance de la mujer en todos los ámbitos. También son ellas las más afectadas por la pobreza. El 24,5% de las europeas se encuentra en riesgo de pobreza, un porcentaje dos puntos superior al de los hombres (el 22,3% está en esta situación), según datos de Eurostat publicados esta semana. Así, hay en Europa 62 millones de mujeres con ingresos menores al 60% de la media nacional, que padecen una “grave privación material” –sus recursos les impiden adquirir ciertos bienes básicos o pagar un alquiler, por ejemplo-, que han utilizado menos del 20% de su “potencial de trabajo” en el último año o que viven en hogares con un bajo nivel de renta, según la definición de este organismo europeo.

El debate está abierto y los europeos son conscientes de la discriminación de la mujer. Sin embargo, muchos ven el fenómeno como algo general y alejado. Solo el 52% cree que es un problema importante en sus países. Algo “preocupante” para el presidente del Comité de Igualdad de Género: “Es una pena, porque es un asunto que tendría que interesar a hombres y mujeres, es una cuestión de democracia”.

¿La misma oportunidad?

La mayoría de los españoles dice que en su empresa existen las mismas oportunidades de promoción para hombres y mujeres, según un sondeo de Metroscopia. Un 76% comparte esta opinión. Hay matices por edad y sexo: para los hombres menores de 34 años, esa sensación se convierte casi en certeza, pues el 94% suscribe que las mujeres no se tropiezan con más dificultades que ellos en el trabajo. Entre las mujeres jóvenes, el porcentaje es menor, del 66%. “Su impresión de la realidad deja traslucir un presente al que aún le queda recorrido hacia la igualdad”, explica Susana Arbas, directora general de Metroscopia.

El 64% de los trabajadores aceptaría un puesto con mayor responsabilidad, remuneración y dedicación, si su empresa se lo ofreciera. Y aquí vuelven a surgir diferencias: el 42% de las mujeres entre 35 y 54 años declinaría la oferta. La maternidad es un freno en esta etapa. Después de los 55 años, o antes de los 35, se sienten en cambio más dispuestas a asumir mayor responsabilidad laboral.

Fuente: El País.

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