El silencioso robo de bebés chinos

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El Gobierno no informa de las decenas de miles de menores secuestrados cada año y los organismos internacionales orillan el problema para evitar conflictos diplomáticos

Jose Reinoso Pekín 23 SEP 2012 - 20:35 CET
Xiao Chaohua y su esposa, Xiong Shuifeng, nunca olvidarán el día de San Valentín de 2007. Desde las nueve de la noche de aquel 14 de febrero, les duele la vida. A esa hora de ese día, su hijo Xiao Xiaosong, entonces de cinco años, fue raptado cerca de su casa en Huizhou (provincia sureña de Guangdong), y no lo han vuelto a ver a pesar de que lo han buscado sin descanso.

Xiaosong y su hermana mayor, que entonces tenía 10 años, fueron a comprar a un supermercado que estaba a 50 metros de nuestra tienda de ropa. Pasaron 20 minutos y no regresaron, así que fui a por ellos. Vi a mi hija vendiendo rosas con la hija del dueño del supermercado, le pregunté por su hermano y me dijo que no sabía dónde estaba”, cuenta el padre, al abrigo de oídos indiscretos, en un salón de té junto a una estación de metro en las afueras de Pekín.

Han pasado más de cinco años. Según creen sus padres, el pequeño fue raptado por una red de traficantes y seguramente vendido, como ocurre con miles de niños todos los años en China.

Xiao Chaohua, de 37 años, habla despacio, con la mirada perdida en el recuerdo y el dolor seco de tanto buscar. Ha venido a la capital para ganar algún dinero y hacer contactos que quizás le puedan ayudar. Lleva una bolsa blanca con un gran cartel plastificado y fotocopias para pegar en las paredes con la foto y los datos de su hijo y de otros niños también desaparecidos.

El tráfico de seres humanos se ha convertido en un grave problema en China en las últimas décadas. Es difícil saber cuántos niños son robados cada año. El número oscila entre 10.000 y varias decenas de miles, según las fuentes. La mayoría nunca vuelve a ver a sus familias. El Gobierno solo da cifras de los que son rescatados, y las organizaciones internacionales tampoco quieren entrar en detalles, dada la sensibilidad del tema. "El Ministerio de Seguridad Pública es quien publica los datos oficiales. En 2011, recuperó 8.660 niños y 15.458 mujeres traficados", afirma Pia MacRae, directora en China de la organización no gubernamental Save the Children. Además, existe una discrepancia sobre la definición de niño, ya que, para el Gobierno chino, los mayores de 16 años son adultos a fines estadísticos, mientras los estándares internacionales sitúan la frontera en 18 años, según MacRae.

Xiao Chaohua sospecha de dos personas que pudieron llevarse a su pequeño. "Una de ellas es una mujer de mi pueblo que se casó con un tipo que fue condenado a siete años por tráfico de mujeres y al final solo estuvo dos en la cárcel. Sospecho de ella porque distrajo a mi esposa a la misma hora que mi hijo desapareció. La policía no hace nada y siempre me ha dicho que la busque yo. La otra es un tipo de la provincia de Sichuan, que estaba jugando con mi hijo. Lo llevé a la comisaría, lo encerraron 24 horas y cuando lo soltaron se esfumó. No he podido encontrarlo en estos cinco años. La policía me ha dicho que vaya yo a buscarlo a Sichuan. Temo que si muere me quede sin la única pista que puede conducir a mi hijo. En su casa, solo está su anciana madre, ¿qué puedo hacerle yo a esta mujer?"

En China, los niños son traficados por varias razones: para venderlos a familias que no tienen hijos —normalmente quieren varones, ya que en China existe preferencia por ellos—, para matrimonios —en este caso, se trata de niñas y mujeres jóvenes, que son compradas en zonas remotas por campesinos que tienen dificultad para encontrar esposa porque son muy pobres o padecen algún problema físico—, para prostitución y para explotación laboral. Algunos de los críos acaban incluso siendo adoptados por familias extranjeras.

El problema se ha visto agravado por la política de hijo único, que limita a la mayoría de las familias a un solo niño en las zonas urbanas y a dos en las rurales si el primero es mujer. Según la prensa china, el precio de una niña está entre 30.000 y 50.000 yuanes (3.700 a 6.200 euros), y el de un niño entre 70.000 y 80.000 yuanes (8.700 a 10.000 euros).

Algunos de los bebés traficados son vendidos por familias que son demasiado pobres para alimentar una boca más o que no quieren al bebé cuando es niña, o por mujeres que han dado a luz directamente para lograr un dinero.

La pérdida de los niños trastoca completamente la vida de las familias y hunde sus economías. "En un negocio tienes que sonreír a los clientes, pero con lo que ocurrió no podía", dice Xiao Chaohua. "Tuvimos que cerrar la tienda de ropa, en la que también vivíamos, y nos mudamos a otra parte de la ciudad donde encontramos trabajo en una fábrica de zapatos. A la niña, la enviamos con sus abuelos a la provincia de Jiangxi, de donde somos originarios. Tenerla en Huizhou era demasiado caro".

Xiao cuenta que, cuando el pequeño desapareció, su esposa enfermó mentalmente y tenía pesadillas. "Ahora está algo mejor, pero toma medicinas. Cuando salgo de viaje a otras ciudades y provincias para buscar a mi hijo, no le digo demasiado", asegura con los ojos hundidos en la taza de té.

Como todos los padres cuyos niños han sido raptados, critica la desidia oficial. "La policía no quiere ayudar. Dice que ha abierto un expediente para el caso, pero ni siquiera sé si es cierto o no. Y cuando algunos padres intentan ir a Pekín para pedir al Gobierno que haga algo, los policías se lo impiden o los detienen y los devuelven a su pueblo. No quieren que hablemos mal de ellos. Ponen nuestros números del carné de identidad en la lista negra y controlan nuestros teléfonos".

La queja es común en todas las familias en la misma situación. Sun Zhuo, de cuatro años, fue robado el 9 de octubre también de 2007 en Shenzhen (Guangdong) por un hombre que le atrajo con unos juguetes, según contó un vecino a su padre. "La policía nos dijo que posiblemente se había ido a jugar con otros niños y que no podía registrar el caso hasta pasadas 24 horas. Durante seis días no hicieron nada. Me dijeron que los traficantes no se iban a comer a mi hijo porque no podrían digerirlo. Me prometieron que lo buscarían 'mañana', y al día siguiente repitieron 'mañana', y así una y otra vez. Así que decidí hacerlo yo mismo", cuenta su padre, Sun Haiyang, de 39 años, por teléfono. "Fui al supermercado, visioné la grabación de las cámaras y vi a un hombre comprándole comida. Eran las 7.31 de la tarde. El testigo aseguró que era el mismo hombre que él había visto. La policía me dijo que no podía hacer nada porque solo se le veía de espaldas. Al noveno día, encontré una imagen en la que estaba de frente y volví a la comisaría. Me contestaron que eso tampoco les ayudaba, que tenía que decirles cómo se llamaba el hombre. ¿Para qué está la policía, entonces?", dice este hombre, que ahora se gana la vida con un taxi pirata porque perdía continuamente su trabajo, ya que se ausentaba en cuanto oía que en algún sitio había un niño que podía ser robado.

Harto, Sun decidió buscar por su cuenta. Acudió a televisiones y periódicos, y pegó miles de fotocopias con la foto del chico por todos lados. Al poco, comenzó a sonar el teléfono. "40 o 50 traficantes me llamaban cada día, a todas horas. ¿Puedes imaginar lo que es eso? Decían que tenían a mi hijo y me pedían que les enviara hasta 300.000 yuanes (37.500 euros) para devolvérmelo. Si solo hubiera llamado uno, probablemente le habría creído".

Sun Haiyang dice que centró su búsqueda principalmente en las provincias costeras, en ciudades como Shantou (Guangdong), donde, según afirma, existe un gran tráfico de niños. "Allí, prácticamente todas las familias prefieren niños porque pueden continuar el apellido. El 90% de los chicos y bebés robados son varones. También he buscado en provincias como Shandong y Henan". Save the Children afirma que, en lo que respecta al tráfico total de seres humanos, las mujeres y las niñas representan un porcentaje mayor, pero asegura que desconoce el reparto.

Para estas familias, encontrar a sus hijos es una tarea casi imposible. La mayoría de los secuestros son llevados a cabo por bandas organizadas, que tienen hasta cientos de miembros y estructuras que se extienden por varias provincias, lo que les permite alejar rápidamente a los críos de sus lugares de origen y borrar cualquier traza. A falta de pruebas de que han sido raptados, muchos de los casos son registrados en las comisarías simplemente como "desaparecidos" y son rápidamente olvidados.

He Zhisheng, cuyo hijo de seis años, He Dingtao, fue raptado junto a un amigo de siete años el 15 de enero de 2009 mientras jugaban en Liping (provincia de Jiangxi), ha ampliado el radio de acción de pueblos cercanos a ciudades, y de estas a otras provincias. Pero dice que ya no sabe dónde buscar. Cuando recibe la llamada de este periódico, se encuentra en un tren camino de Wuhan (capital de Hubei). "He oído que hay un niño que se parece el mío", explica. Al día siguiente, llega la decepción. "No era mi hijo", dice este hombre, que mientras busca a Dingtao suele cantar una canción que ha compuesto para él.

En algunos casos, los criminales llegan en coche y se llevan a los niños en pleno día, como le ocurrió a Ye Ruicong, que tenía nueve meses cuando fue arrancado de los brazos de su hermana en Shangdi, un pueblo de Guangdong, el 12 de noviembre de 2007. "En lugar de perseguir al coche, la policía nos interrogó tres días a mí y mi hija sobre cómo había ocurrido", dice furiosa por teléfono Deng Huidong, su madre. "El Gobierno debería tomar el ADN de todos los jóvenes de 16 años cuando van a hacerse el carné de identidad y compararlos con los de los padres que han perdido a sus hijos".

Algunas familias aceptan la situación con resignación y dolor. Pero cada vez recurren más a los microblogs (servicios de mensajes cortos en Internet) y a páginas especializadas, donde pueden volcar fotos y datos y compartir información con otros afectados. También regalan cajas de cerillas y barajas con fotos y teléfonos de contacto.

Xiao Chaohua no solo ha recurrido a Internet. Cuando ahorra un poco de dinero, se sube a su pequeña furgoneta forrada con fotos de niños desaparecidos y se va a recorrer pueblos a la búsqueda de su aguja en un inmenso pajar de 1.300 millones de almas. "Mi próximo destino es Shantou y la provincia de Fujian. Mucha gente compra niños allí", dice. Xiao apenas ha probado el té.

El Gobierno ha intensificado las campañas contra el tráfico humano en los últimos años, y periódicamente anuncia a bombo y platillo en la televisión una gran redada. En julio pasado, afirmó que había rescatado a 181 niños y había detenido a 802 personas -incluidos los líderes de las dos bandas desmanteladas- en una operación llevada a cabo en 15 provincias. La investigación fue puesta en marcha después de que la policía detectara la llegada frecuente de mujeres embarazadas de fuera de la ciudad a una clínica en el norte de la provincia de Hebei, vecina a Pekín, donde los clientes compraban bebés. La dueña de la clínica fue arrestada. Otros cuatro sospechosos fueron detenidos en un autobús de largo recorrido en Henan cuando pretendían vender a cuatro niños. Otro fue acusado de haber colaborado en el tráfico de más de 100 críos. Estos criminales suelen recibir duras sentencias en China, incluida la pena de muerte.

"China es un país muy grande, que está experimentando un cambio social y económico sin precedentes. Se enfrenta a un desafío muy difícil con un problema importante y complejo como es el tráfico humano, incluido el de niños. Sin embargo, vemos que el Gobierno ha hecho progresos, especialmente en la última década, y está tomando medidas tangibles para combatirlo", afirma MacRae.

Pekín puso en marcha en 2007 el primer programa nacional contra el tráfico de niños y mujeres, correspondiente al periodo 2008-2012, y creó una oficina en el Ministerio de Seguridad Pública para coordinar los 31 departamentos y agencias cuyo trabajo estaba relacionado con este problema. En 2009, ratificó el llamado Protocolo de Palermo, destinado a luchar contra el tráfico humano, especialmente de mujeres y niños.

Sin embargo, sobre el terreno, los padres se quejan de la indolencia policial y la falta de apoyo, y argumentan que sin compradores, no habría vendedores. "Oyes al Gobierno decir que hace redadas contra los fabricantes y que rescatan algunos niños. Pero lo que dice es superficial, no resuelve ningún problema. Por qué no persiguen a los compradores. ¿Por qué en Guangdong solo cuesta 700 yuanes (87 euros) comprar el hukou (registro de residencia que deben tener todos los chinos) para un niño sin pasado? ¿Por qué no paraliza esos hukou y busca a los padres de esos niños?", afirma Sun Haiyang. "Los niños son robados en Guangdong, los niños son comprados en Guangdong, qué hace el Gobierno de Guangdong. Los niños no son objetos, necesitan aire, se mueven, no son cosas que puedas esconder indefinidamente". "En China, no hay gobierno claro de la ley. Los traficantes la burlan", añade Xiao Chaohua.

Según el Informe sobre Tráfico de Personas de 2012 del Departamento de Estado de Estados Unidos, hecho público en junio, "China no cumple totalmente los requisitos mínimos para la eliminación del tráfico (humano)" y "no ha dado pruebas de haber incrementado los esfuerzos" para hacer frente a esta lacra respecto al año anterior.

"A pesar de haber experimentado algún progreso, queda mucho por hacer", reconoce MacRae. "Es necesario invertir más en algunas regiones para combatir el tráfico de niños. Hay que investigar más para comprender y responder a las razones a largo plazo que lo originan".

Al trauma emocional que supone la pérdida de un hijo, se suma el coste económico. "En estos cinco años, hemos gastado unos 300.000 yuanes (37.500 euros) en buscar a Xiaosong. Con ese dinero, queríamos haber construido una casa", dice Xiao Chaohua, mientras sostiene en la mano el cartel con la foto del chico.

Para otras familias, al drama se añade la incertidumbre sobre el futuro. "Tuvimos que tener otro hijo hace cuatro meses. No tenemos seguridad social ni cobertura sanitaria. Si no, quién va a cuidar de nosotros cuando seamos viejos. Pero seguiré buscando a Sun Zhou el resto de mi vida", afirma su padre.

Xiao Chaohua ha enterrado su tristeza tras el ir y venir de trabajos temporales. Sun Haiyang, detrás de los cristales tintados de un taxi pirata, que le da la flexibilidad necesaria para ir tras cualquier chispa de esperanza. Todos dicen que nunca abandonarán. "Seguiré buscándole hasta el día que ya no pueda", asegura Xiao Chaohua. "Lo encontraré".

Fuente: El País.

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