El arte grita contra el terror machista

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  • Madrid acoge una muestra-denuncia internacional sobre la violencia contra las mujeres
  • Pioneras como Bourgeois o Abramovic se unen a jóvenes creadoras

Ángeles García Madrid 5 MAY 2013 - 23:53 CET


'Hidden in the radiant green, a man waits. In hate blinded hands, darkness waits' (1999), obra de Paticia Evans.

Una niña de cuatro años acaba de morir en India tras ser violada… En España, continúa el intolerable goteo de mujeres asesinadas por sus maridos… La pequeña Halima es ejecutada por “razones de honor” a manos de sus familiares en Afganistán... El soniquete de los noticiarios no alivia la horrenda sucesión diaria de actos de violencia contra las mujeres en todos los rincones del mundo. Y el arte tampoco puede ser inmune. No en el caso de Marina Abramovic (Belgrado, 1946). Pionera en tantas cosas, también lo ha sido en combatir estos dramas con sus performances. La exposición Contraviolencias. 28 miradas de artistas, que el miércoles abre sus puertas en la Fundación Canal de Madrid, viene a demostrar que la creadora serbia no está sola, al entonar un severo grito colectivo contra el terror machista a través de obras que, en su mayor parte, han sido realizadas expresamente por mujeres (hay dos aportaciones masculinas) para esta cita itinerante organizada por la fundación estadounidense Art Works For Change. Tras pasar por Oslo, Chicago o Tijuana, recala en Madrid antes de continuar viaje hacia Johanesburgo y Nueva York.

 Las salas de la fundación han cambiado su color para la ocasión. El rosa (del feminismo) y el rojo (de la violencia) se funden para envolver un recorrido de tintes trágicos. Tanto, que los organizadores advierten en una cartela de bienvenida que el contenido puede “herir la sensibilidad del visitante”, según explica Cristian Ruiz, director de exposiciones del Canal.

Un delicado dibujo de Louise Bourgeois (París, 1911-Nueva York, 2010), única artista fallecida de la selección, resulta un buen punto de partida para sumergirse en la denuncia. Se trata de la silueta de una mujer atrapada en un túnel negro, desnuda, sin brazos y con unas muletas ensartadas en el pecho, sonríe. Es la representación más clásica de la callada resignación con la que la mujer arrostra la violencia. La sonrisa es una máscara cotidiana que demasiado a menudo hace pasar lo intolerable por lo cotidiano inevitable.

Bourgeois ejerce en la exposición de matriarca y referente para varias generaciones de creadoras en una nómina que incluye, entre otras, a Mona Hatoum, Patricia Evans, Luciana Fina o María Magdalena Campos-Pons, y en la que tampoco faltan algunos nombres fundamentales del arte conceptual del último medio siglo. Como Yoko Ono (Tokio, 1933) y su célebre performance Cut piece (Pieza de corte), en la que los espectadores, provistos de tijeras, arrancan trozos de la ropa negra de la artista como en una simbólica violación colectiva. O Marina Abramovic, autora del vídeo de 12 minutos Épica erótica balcánica (2005) en el que se representa a sí misma desnuda de cintura para arriba, con su espesa melena negra sobre la cara y una calavera con la que se golpea fuertemente entre ambos pechos. El trabajo forma parte de su serie de denuncias de la guerra de los Balcanes y cómo en aquella contienda fratricida se empleó el ultraje a las mujeres como arma de destrucción masiva, como parte de un perverso constructo según el cual el cuerpo femenino queda subsumido en la idea de nación, por lo que violarlo equivale a ultrajar a toda la comunidad enemiga.

Sobre violencia y cultura habla también la obra de Maimuna Feroze-Nana (Hyderabad, Pakistán, 1938). Son 22 dibujos con tinta y una escultura de material reciclado que representan a una novia bajo el título de NO. Con esta instalación, la artista denuncia la quema de mujeres que se realiza en Pakistán y países vecinos.

Según un informe de Amnistía Internacional, en 1999, 1.600 novias ardieron hasta la muerte empapadas en queroseno. Fueron investigados 60 casos; solo dos se saldaron con una condena. Feroze-Nana cuenta que sus protagonistas están inspiradas en casos vividos en su propia familia o en otros horrores aireados en Occidente. Cuando la víctima no muere, sangra, se sana y espera. “Corresponde al espectador juzgar si esa espera es la de la paz o de una injusticia aún mayor”.

Como demostración de que el terror machista no distingue entre clases sociales y mucho menos entiende de geografía, Fatou Kande Senghor (Senegal, 1971), cineasta y fotógrafa, propone un bello tríptico, ¿Quién entrega esta mujer a este hombre?, protagonizado por féminas a las que solo se les ven los ojos. Con miradas aterradas o cargadas de tristeza, Senghor narra el drama de las niñas que en muchos países son entregadas en matrimonio como parte de los negocios familiares o por tradición cultural. Con menos de 15 años, las niñas ven interrumpida su adolescencia y su escolarización para convertirse en madres tempranas. Muchas de ellas mueren en el parto.

Uno de los dos hombres que participan en la exposición, Hank Willis Thomas (Plainfield, Estados Unidos, 1976), fotógrafo publicitario, también propone preguntas sin respuestas en ¿Eres el tipo adecuado de mujer? (2007). En ella, reflexiona sobre el tratamiento de la feminidad en la publicidad. A partir de una serie de anuncios destinados al consumidor de raza negra, los rastros del anunciante quedan eliminados hasta dejar desnuda la imagen. Lo que queda después de ese proceso de limpieza, es una mera mercancía sexual. La mujer como un simple objeto en venta.

Fuente: El País.

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