Si no es blanco, tiene el doble de posibilidades de que le pare la Policía

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  • Un estudio de la Universidad de Valencia con datos de Metroscopia confirma que los agentes paran más a las minorías étnicas.

Alejandra Agudo Madrid 17 OCT 2013 - 20:46 CET


La policía para a ciudadanos con rasgos latinos o de raza negra, para comprobar sus papeles en el intercambiador de la Avenida de América (Madrid). / ULY MARTÍN

Andrea E., una joven de Ecuador que realizaba unas prácticas laborales en Madrid el pasado 2012, fue parada dos veces por la policía en la estación de metro de Moncloa, donde tomaba un autobús a su domicilio en Pozuelo. “Yo creo que fue el mismo agente”, recuerda. La primera vez mostró su pasaporte y la dejaron continuar. La segunda identificación no fue tan rápida. “Me hicieron pasar un mal rato. Sin mirar mi pasaporte, me hicieron esperar en un banco junto a otras 15 personas y finalmente me dijeron que debía acompañarlos a comisaría. Muy enojada, les hice notar que tenía permiso para estar 45 días en la Unión Europea y que apenas llevaba 15. Que mi viaje era por razones profesionales. Fue una situación muy fea. Después de lo bien que me había tratado Madrid me sentí sola, discriminada y observada”, relata. Ella está convencida de que la pararon por ser morena. “Antes que a mí, pararon a un chico negro que también iba corriendo al autobús. Era español y se molestó mucho”, explica.

Como Andrea, muchas personas son identificadas por la policía solo por su etnia o color de piel. En definitiva, la única sospecha para pararlos es su aspecto físico. Así lo demuestra un estudio presentado este jueves por la Open Society Justice Initiative, elaborado por los investigadores del Institut Drets Human de la Universidad de Valencia con datos de Metroscopia. Una persona de apariencia caucásica (blanca) tiene la mitad de posibilidades de ser identificada en la calle que otra de piel oscura. Mientras que solo un 7% de los primeros contestó haber sido parado por agentes en los dos últimos años, esa proporción se elevaba al 14% entre las personas de minorías étnicas.

“Ya teníamos evidencias de que esto ocurría. Pero vimos la necesidad de tener datos científicos”, subraya Cristina de la Serna, portavoz en España de la Open Society Justice Iniciative. “Ahora sabemos que hay una pauta de identificar a personas extranjeras, pero por sus rasgos étnicos, porque a los inmigrantes caucásicos se les identifica menos que a los de color”, añade.

El estudio, para el que se realizaron 2.800 entrevistas, arroja otros datos reveladores sobre las prácticas policiales. Los inmigrantes tienen tres veces más posibilidades de que les paren que los españoles. Pero también entre los nacidos en España hay diferencias: los no caucásicos, aun españoles, tienen tres veces más posibilidades de ser parados por la calle por agentes que los blancos. Este es el caso de Mohamed Gerehou, oriundo de Huesca, de 21 años y negro.

Hace unos meses, el joven volvía de jugar al baloncesto en el campus de la Universidad Complutense de Madrid donde estudia Periodismo. Acompañado por un amigo “de aspecto latino, pero de Las Rozas”, dice, notó que dos personas les seguían. “Nos pararon y se identificaron como policías”, relata Gerehou, que preguntó a los agentes por qué les identificaban, sin obtener respuesta. Este estudiante está convencido de que el motivo era su color de piel. “Cuando les dimos el DNI español, no era lo que se esperaban y nos preguntaron si llevábamos drogas. Dijimos que no y, sin cachearnos, se marcharon”, recuerda.

No era la primera vez que Gerehou era identificado por agentes. Cuando tenía 16 años, acompañado de su primo y dos amigos –“todos negros”—la policía paró a los menores para que mostraran su documentación. “A mis amigos blancos, caucásicos, no les han identificado nunca. Y si yo voy con blancos, estoy convencido de que tampoco me van a parar”, se queja. “Hay discriminación. Te hacen sentir mal cuando no has hecho nada malo”, repite.

“Si realizamos una combinación entre los factores de nacimiento y apariencia, llegamos a esta conclusión: si has nacido en España y tienes apariencia caucásica europea tienes casi tres veces menos posibilidades de ser parado en la calle (un 16% de los que tienen estas características) que si tienes apariencia no-caucásica europea y has nacido fuera de España. En este caso hay una gran posibilidad de ser parado en la vía pública: el 45% de las personas con este conjunto de características declararon haber sido identificadas por la policía en algún momento del pasado”, concluyen los autores del estudio, coordinados por José García Añón, del Institut de Drets Humans de la Universidad de Valencia, y Ben Bradford, del Centre for Criminology, de la Universidad de Oxford.

“El problema es muy grave y puede acabar con un estallido social. Queremos que las autoridades admitan que esto ocurre y cambien sus prácticas”, subraya de la Serna. “En la agenda del Gobierno está hacer una nueva ley de seguridad ciudadana. Es un momento interesante para introducir el requisito de sospecha razonable y prohibir la identificación por el aspecto físico”, añade.

Según datos oficiales del Ministerio de Interior, se realizan en torno a ocho millones de identificaciones al año. “Pero no sabemos cuántas son porque se esté cometiendo un delito, o por control migratorio. Ni siquiera cómo han acabado esas identificaciones”, lamenta de la Serna. Por eso sugiere que se extienda el procedimiento de la Policía Local de Fuenlabrada, donde los agentes disponen de un manual de actuación y tienen que rellenar un informe durante la identificación. “Se recogen datos básicos. El policía se identifica, también a la persona, dice por qué se le ha parado, en qué lugar y a qué hora”, detalla José Francisco Cano de la Vega, jefe de la policía municipal de esa localidad madrileña y presidente de la Unión Nacional de Jefes y Directivos de Policía Local.

La comisaría de Fuenlabrada no solo es más eficiente que antes —“en un 30% de las identificaciones localizamos a algún ilícito; en Londres consiguen un 10% y se considera muy alto”, apunta Cano—, sino que además elabora estadísticas que permiten detectar si su actitud es discriminatoria. “Somos una parte de la sociedad y tenemos prejuicios. Pero los datos nos permiten reorientar nuestra actividad si estamos haciendo algo mal. Porque pese a los estereotipos, los nacionales son igual de delincuentes que los extranjeros”, zanja.

Fuente: El País.

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