Teléfonos móviles que salvan vidas de mujeres maltratadas

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  • El centro de coordinación de Cruz Roja atiende a 10.000 maltratadas.
  • Este verano la cifra de mujeres asesinadas por sus parejas se ha triplicado.

Hace tiempo que en el centro de coordinación de Cruz Roja en Madrid han dejado de sorprenderse. Como el día en que les llamó una niña de 6 años porque su madre estaba dormida y no se despertaba. Les contó que ya le había pasado en más ocasiones, pero que esta vez no lograba espabilarla. Y descubrir, tras 20 minutos de conversación con la niña, que su madre se había intentado suicidar.

O como aquella jornada en la que lograron salvar la vida de una mujer enterrada viva en un descampado, gracias al geolocalizador de su teléfono móvil.

Son llamadas de socorro que hielan la sangre a los empleados que trabajan en el programa Atenpro de Cruz Roja destinado a la atención de 10.000 mujeres víctimas de malos tratos, en un verano especialmente duro en la lucha contra la violencia de género. Durante los meses de julio y agosto, se ha producido un repunte de la violencia machista con un total de 11 casos, casi el triple que en el mismo periodo del año anterior. En lo que va de año 41 mujeres han muerto a manos de sus parejas.

María López (nombre ficticio) es una de las que ha podido vivir para contarlo. Ha pasado de víctima a voluntaria de la Cruz Roja en temas de violencia de género. Durante varios meses de su vida, vivió pegada a un terminal de teléfono, su tabla de salvación. Su frágil existencia dependía de este móvil que lleva incorporado un localizador por GPS y un botón que activa una alarma sin necesidad de que se realice llamada alguna.

Cuando se aprieta el interruptor, la alerta salta en el centro de coordinación de Cruz Roja, donde se ponen en marcha todos los mecanismos necesarios para salvaguardar la integridad de la mujer maltratada. En primer lugar, se la localiza mediante el sistema GPS. Después, se graba la conversación ya que el teléfono cuenta con un micrófono más sensible de lo habitual. De esta forma, aunque la víctima no pueda hablar con la centralita, todo el sonido ambiente queda recogido. De hecho, esta grabación se puede aportar luego en los juzgados como prueba en caso de que sea necesario.

Además, en los ordenadores se despliega el historial de la víctima con datos vitales como si tiene menores a su cargo, las referencias del maltratador y los contactos a los que recurrir si la discusión se agrava. En las pantallas de estos ordenadores aparecen reflejadas pinceladas que resumen toda una vida: "El agresor tiene cáncer terminal y ella le ayuda para ir al médico".

Palabras clave

"Muchas veces llaman a escondidas de su agresor, así que ellas no nos pueden escuchar a nosotros porque tienen el móvil en el bolsillo o porque lo han guardado en el bolso tras pulsar. Incluso estando con los agresores pueden estar apretando y pidiendo ayuda, pero no quieren que esa persona se entere", relata una de las trabajadoras del centro.

Otras veces la víctima no puede decir nada de lo que le sucede porque se encuentra en plena discusión y entonces se pactan palabras clave para que el maltratador no se dé cuenta de que le están escuchando. Esta táctica también se utiliza cuando las mujeres no hablan bien español o cuando son sordomudas. Si la pelea va a más y puede derivar en agresión, la Cruz Roja avisa entonces a la Policía.

"A mí llevar el aparato me dio mucha seguridad. Si te quieren hacer algo te lo hacen porque los maltratadores son impredecibles, pero te sirve para ir más tranquila", explica María, al otro lado del hilo telefónico.

Desde la distancia que proporciona el hecho de que su caso ya esté zanjado, María recuerda aún con nerviosismo aquella noche en la que su marido le intentó estrangular en la cama porque había llegado tarde tras salir con unas amigas. Todavía le duele rememorar cuando su pareja la dejó tirada en una autopista a las dos de la mañana o cuando la humillaba en público un día sí y otro también.

Pese a todo, volvió con él a los pocos meses. "Siempre vuelves. Por mucho que te digan, lo tienes que ver tú con tus propios ojos. Estuvimos un año de novios y siete meses de casados. Afortunadamente, lo pude parar pronto. Todavía sigo en tratamiento psicológico, pero ya pasó todo. Ya me salió toda la vergüenza y el miedo que tenía dentro", relata con calma desde la Comunidad Valenciana.

María quiere ahora apoyar a otras víctimas de violencia de género para que su experiencia pueda servir de algo, para poder darles la mano a otras mujeres y, sobre todo, escuchar sus testimonios.

De hecho, en Cruz Roja saben que en muchas ocasiones las llamadas de las mujeres maltratadas no son para pedir socorro, sino para tener un desahogo emocional. Así lo explica Dori Moreno, la directora del centro de coordinación de la Cruz Roja, donde trabajan 60 personas contratadas y 90 voluntarios los 365 días del año.

El servicio de Atenpro es realizado por los empleados de la Cruz Roja y no por voluntarios, porque suele ser demasiado complicado. A veces, por mucho que lo intenten, no pueden hacer nada por evitar tragedias. Moreno recuerda, por ejemplo, que una mujer llamó el día de Navidad para pedir ayuda y desde la ONG lograron contactar con sus hijos para que fueran a hacerla compañía. Estuvieron con ella, la animaron y parecía que todo iba bien. Pero, a las dos horas, se ahorcó.

"Éste es un trabajo muy duro para los que trabajan en él pero es un servicio que salva vidas. Protege de que haya una incidencia mayor. Por ejemplo, si una mujer sale a la calle y el agresor la va siguiendo, le vamos aconsejando que se meta en un bar", prosigue. Y le viene a la cabeza el caso de un hombre que cerró todas las puertas de su casa y la prendió fuego con los dos niños dentro y gracias a una llamada a Cruz Roja, los consiguieron salvar.

Mientras tanto en el centro de Cruz Roja se escuchan conversaciones como ésta:

-Ana, buenos días, ¿en qué puedo ayudarte?
-Ana, estás llorando, te noto muy angustiada, ¿Qué ocurre? ¿Te ha pasado algo?
-Vale... No, tranquila, tú respira. Estoy aquí para ayudarte. Muy bien, cuéntame, cuéntame ahora que puedes.
-Le estás viendo ahora... Estás en tu portal, ¿No?
-Pues sube a casa, sube a casa que yo llamo a la policía.

Es el día a día de un servicio, sufragado por el Ministerio de Sanidad y gestionado por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), en el que nunca se puede bajar la guardia y los trabajadores están coordinados por una supervisora de guardia. En ocasiones, tienen que vigilar no sólo al agresor sino a su entorno, la madre o la nueva pareja del maltratador, que también puede atacar a la víctima.

"Las condicionantes de la violencia de género no son sólo con el agresor y con situaciones de riesgo sino todo lo que implica el tener que desvincularse de una persona con la que tenía una relación de afectividad y que a la vez les hacía daño. Todo eso implica muchas emociones ambivalentes y contradictorias en relación a sí mismas, a sus hijos y a su familia que necesitan un apoyo emocional. El entorno del agresor se comporta en muchos casos de una manera similar al agresor y también es hostil y amenazante y muchas veces son agredidas por terceras personas que no son directamente el agresor y que no tienen la medida de alejamiento", explica.

Tras el duro mes de agosto, con ocho mujeres fallecidas, la ministra de Sanidad, Ana Mato, ha convocado a todos los grupos parlamentarios y al Observatorio Estatal de la Violencia contra la Mujer para buscar nuevas propuestas en la lucha contra la violencia de género, una lucha en la que todavía queda mucho camino por recorrer.

Fuente: El Mundo. 

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