Niñas traficadas: valor al alza en Nepal

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Niñas durante una clase en la ONG Her Turn 
Niñas durante una clase en la ONG Her Turn. / Ola Perczynska (Her-Turn)

  • Tras el terremoto que arrasó Nepal aumentan los riesgos para las niñas de ser vendidas
  • La educación es la clave para que sepan esquivar el peligro

Ana Gabriela Rojas Nueva Delhi 13 NOV 2015 - 11:32 CET

Es una realidad invisible porque ni siquiera hay números, informes o estadísticas que lo demuestren, pero el número de personas en Nepal que está en riesgo de ser vendida ha aumentado. Diversas ONG y algunos sectores del Gobierno aseguran que el repunte se ha producido después de los terremotos que devastaron al país en abril y mayo de este año y que dejaron casi nueve mil muertos. Y eso que el problema ya era muy grave antes del desastre: 10.000 y 15.000 personas traficadas cada año, especialmente mujeres y niños, según las estimaciones de la ONU y de distintas ONG.

Y, frente a la amenaza, la defensa. En este caso proviene, precisamente, de las niñas y jóvenes de Nepal con más peligro de ser traficadas. Ellas pueden ayudar a detener este delito según la ONG Her-Turn, que organiza talleres para concienciar a las jóvenes y niñas de las zonas rurales más vulnerables. “Discutimos con ellas los riesgos que corren: ser forzadas a prostituirse o trabajar como empleadas domésticas en muy malas condiciones. Les pedimos que sean cuidadosas y que alerten a alguien cuando creen que hay un riesgo o sospecha de ser traficadas”, explica Ola Perczynska, directora de programas en la ONG.

“El riesgo tras los terremotos es más grande por varias razones: muchas familias perdieron sus casas y su forma de ganarse la vida. Más gente vive por debajo de la línea de pobreza y eso es un factor de riesgo grande: la estrategia de los traficantes es el prometer una buena educación o un buen trabajo. Algunas familias, sin mucha más opción, dan a sus hijos pensando en que así tendrán mejores oportunidades”, explica Sunita Danuwar, la directora de Shakti Samuha, una ONG formada por sobrevivientes de tráfico. Como otros activistas, Danuwar explica que los terremotos han ocasionado el desplazamiento y la separación de muchas familias y esto ha traído el debilitamiento de redes sociales, que normalmente significan protección.

Esta realidad no pasa desapercibida en Her Turn, donde han desarrollado talleres para dotar de herramientas de defensa a las nepalíes. En ellos, realizados sobre todo en áreas rurales, se forman comités de ayuda donde una mujer joven, con mayor entrenamiento, es nombrada mentora. Así niñas, niños y adolescentes la alertan cuando algo no anda bien en sus escuelas o comunidades. Ella, a su vez, avisa a las autoridades.

Estos comités de ayuda actúan como una red de protección entre iguales. Intervienen con frecuencia en casos de bullying en la escuela y otras veces alertan sobre casos más serios, como abuso sexual o una boda entre niños. “Creemos que es un buen modelo porque enseña a las adolescentes a tomar el asunto en sus propias manos: cuidar de sus compañeros y ayudarlos. También enseña a las comunidades que las adolescentes pueden ser agentes del cambio. Ojalá que estas niñas concienciadas sean líderes en sus comunidades cuando crezcan”, dice Perczynska.

Hasta ahora han entrenado a 1.791 niñas. Una de ellas, de 11 años, asegura que los talleres le han servido para ser más fuerte y a trabajar en contra de la violencia doméstica. “Les digo a las mujeres que no piensen que son débiles. Nosotras tenemos que mostrar nuestras fortalezas”, asegura.

Las menores de uno de los comités de ayuda ya detuvieron un caso de tráfico en Sindhupalchowk, uno de los distritos más vulnerables. En junio avisaron a su mentora, que a su vez alertó a diferentes organizaciones anti-tráfico que rescataron a dos niñas que iban a ser llevadas ilegalmente a India. 

Niñas haciendo deberes. / Ola Perczynska (Her-Turn)

Medidas gubernamentales

No solo las niñas nepalíes están alerta. La jefa del departamento contra el tráfico de personas del Ministerio para el Bienestar de la Mujer y los Niños, Sunita Nepal, reconoce que este problema podría haber aumentado tras los terremotos y explica las medidas que se están poniendo en marcha. “Todas las agencias del Gobierno están en alerta, así que hemos implementado una serie de medidas para evitarlo: hemos instalado 30 puestos de policía en las carreteras y en la frontera con India. Los niños no pueden viajar sin sus padres si no existe permiso de las autoridades”, describe. Dice que esta medida está teniendo éxito, aunque no habla de números. UNICEF explica que las adopciones internacionales se han suspendido temporalmente para evitar el tráfico encubierto de esta forma.

La frontera con India, que está abierta para los ciudadanos de ambos países, es por donde más personas podrían ser vendidas tanto para quedarse en ese país como para viajar hacia países del Golfo y ser explotadas en la prostitución o en trabajos forzados, aseguran las expertas consultadas.

El portavoz de la policía de Nepal, Kamal Simbam, dice que en lo que van del año se han reportado 184 casos de tráfico de personas. Sin embargo, en el informe de la Comisión de Derechos Humanos de Nepal publicado en 2014 se reconoce que los números de la policía están muy por debajo de lo que podría ser realmente el tráfico de personas, que considera una “industria en alza”. Según los datos de UNICEF, sus socios han interceptado ya desde el terremoto a 725 personas (de entre ellos 331 niños) en riesgo de ser traficados o de caer en otros peligros.

Tras el terremoto también se han reportado en los medios algunos golpes policiales en contra de los traficantes. La policía india rescató en julio en el aeropuerto de Nueva Delhi a 21 mujeres de entre 20 y 34 años. "Las víctimas eran de las zonas más pobres y afectadas y les habían prometido trabajos con buenos salarios en los países del Golfo”, aseguró el jefe de la policía en el aeropuerto, Mohammed Ishfaq Haider. Según el agente, los dos acusados confesaron que en los últimos tres meses habían llevado al menos a 250 mujeres desde Nepal a Arabia Saudí y Dubai.

Los activistas dicen, sin embargo, que para detener el tráfico debe haber, además de acción policial, mejores condiciones de vida, sobre todo para las mujeres.

Sunita Danuwar, directora de la ONG de ayuda a víctimas del tráfico de personas, asegura que desde el Gobierno y las organizaciones se trabaja ahora también en diferentes programas. No sólo en la protección, sino también en la prevención. “Las mujeres deben tener más poder y también mejor calidad de vida para no querer migrar tan fácilmente. Debe mejorarse desde el acceso al agua, a la sanidad o a la educación”, dice.

Las niñas y adolescentes que han tomado los talleres de la ONG Her-Turn también lo saben. Por eso también han ayudado a detener matrimonios tempranos, a que haya baños en sus escuelas y a que las familias permitan que las hijas sigan estudiando.

FUENTE: El País.

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